jueves, 15 de diciembre de 2011

EL DILEMA DEL PSC: SOCIALISTA O NACIONALISTA


Como era previsible, visto el talante derechista de la cúpula del PSC, el nacionalista Pere Navarro, alcalde de Terrassa, el que se postula para dirigir el maltrecho partido tras el fiasco de la montillada, da sus pasos, como también lo hacen otros de la misma cuerda como Montserrat Tura; y lo hace, no hacia posiciones sociales que justifiquen el nombre de socialista, sino precisamente en sentido contrario: hacia posiciones nacionalistas, es decir de derechas, compitiendo con el otro partido de la derecha catalana, hoy ya en la mayor de la extrema derecha, vista las políticas que está llevando a cabo, liquidando lo público a favor del negocio privado. 

El alma nacionalista de la cúpula PSC, que no de sus militantes, y mucho menos de sus votantes, la gran debilidad que sume a ese partido en la desesperación para lograr la verdadera cuadratura del círculo, esto es, presentarse como socialista, recabar los votos de miles de ciudadanos que les votan porque así lo creen–sobre todo porque han unido siempre a la hora de la verdad sus cantos de sirena con los del PSOE–, y sin embargo están permanentemente hablando de partido independiente. 

Navarro, como buen representante de esa burguesía, la catalana, que juega a ganar como sea, también ha sacado a colación sus delirios nacionalistas, diciendo que el PSC debe votar en el Congreso aparte del PSOE, diferenciándose de éste, actitud típica del nacionalismo: ser diferente, o vender la moto de la diferencia.

A este discurso tan manido del chantaje permanente que tanto gusta utilizar al nacionalismo–sean el  partidos-chantaje de CiU, o sea el PSC, lo lógico sería que el PSOE, de una vez por todas diera un paso adelante en la regeneración del partido y decidiera que ya está bien de tanto victimismo; y que se presentaran a las elecciones en Cataluña como PSOE; y que los nacionalistas del PSC, entre los que está Navarro, lo hicieran como lo que son, es decir como una fracción de la burguesía catalana. O, teniendo en cuenta las escasas, por no decir nulas diferencias con CiU, que se integraran en el partido de la derecha catalana. Al fin y al cabo no tienen ningún problema en unirse a ellos para defender la esencias patrioteras, olvidándose de que lo que los debiera diferenciar es la condición de clase y los intereses populares, que nada tienen que ver con los delirios patrioteros de CiU y otros compañeros de ese viaje, que también se dicen de izquierdas.

Esa situación aclararía mucho el panorama político catalán. Y si los nacionalistas del PSC como Navarro, Tura y otros que pululan en el mismo con similar intención y andamiaje político, decidieran continuar con la ficción de seguir llamándose socialistas, lo que no cabe duda es de que ya no tendrían ningún problema a la hora de votar como les diera la gana, suponiendo que lograran tener suficientes votos, enfrentándose al PSOE, al que siempre, repetimos, acuden para que les eche una mano en tiempo de elecciones. 

La cosa está clara: es cuestión de ser ellos mismos, de no jugar con dos baraja, una  para apoyarse en los socialistas del PSOE para recabar el voto del obrero castellano parlante, al tiempo que hacen políticas nacionalistas y por lo tanto de derechas, que ya las hace el partido de la derecha catalana, como todo el mundo sabe. Ese es el dilema. Lo que pasa es que Navarro, como el resto de los dirigente del PSC, saben las escasas posibilidades que tendrían como partido verdaderamente independiente, sin los apoyos del PSOE, y enfrentado electoralmente a éste.  O bien tratando de ocupar el espacio que ya ocupa la ultraderecha convergente.

U. Plaza


miércoles, 7 de diciembre de 2011

CiU-PP: HIEROS GAMOS

La ultraderecha catalana, CiU, ha descubierto ante todos las verdaderas cartas con las que quiere jugar, que no son ya sólo la bandera tan explotada durante tanto tiempo, de Catalunya, la Nació y toda la palabrería inventada para el consumo idiotizante de muchos honestos  ciudadanos que se lo siguen creyendo, aunque cada vez les cuesta más tragar semejante rueda de molino –visto el saqueo de lo publico que están llevando a cabo–  y que con tanto arte utilizó el inventor de la cosa, que muchos incluso llegaron a mitificar y a considerarlo un  equilibrado gobernante con capacidad, cuando a la vista estaba que no daba para mucho, salvo que por una ley electoral antidemocrática, le permitía ciertas licencias de apoyos a los partidos gobernantes, incapaces de democratizar dicha ley para acabar con  semejante disparate de que unos pocos votos decidieran la política de todos.

Ahora, sus herederos, ya despojados de toda vestimenta de partido centrado, equilibrado y con mucho seny,  que nunca tuvo más allá de hacer de la necesidad virtud, se apresura  a dejar por el camino muchas de las teatralidades de antaño por no necesitarlas; cuando todos los partidos catalanes se unieron, porque así convenía al guión, para aquel Pacte del Tinell, onanista, con el que quedaron orgiásticamenente satisfechos todo los partidos nacionalistas. Todos, sin excepción, en una práctica antidemocrática, por no llamarlo con palabras más gruesas.  

Pretendiendo excluir al PP, con la peregrina idea de hacer creer a la ciudadanía que éste era otra cosa diferente, extraño  y que no formaba parte también de la Cataluña real;  donde existen unas clases sociales explotadoras y otras–la mayoría– explotadas;  y que precisamente la misma clase explotadora  a las que pertenece el PP, es la de CiU, sin ninguna diferencia, ¡ninguna!  

Pero es que, en sus delirios de exclusión no se daban cuenta de que algunos de los acompañantes de los auténticos catalanes, porque esa era la excusa de la exclusión, en ese fraude democrático, recogían muchos menos votos populares que el enemigo de Cataluña. Cuando, cuanto menos,  deberían haber analizado de qué Cataluña estaban hablando unos y otros. Porque si se referían a la Cataluña obrera y popular, a las clases medias  y laboriosas,  tan enemigos de esa Cataluña eran–son– los peperos como CiU por razón de clase, con los que pactaban semejante aberración que pasará a la historia de las infamias, como Pacte del Tinell. Porque al PP hay que combatirlo, si se consideran de izquierdas, con las mismas armas ideológicas, con las mismas razones políticas, que a CiU; pero, claro para eso hay que quitarse la venda de esa sin razón, liquidar ese oximorón, de querer ser de izquierdas y nacionalista a un tiempo. 


Porque lo que  es  realmente sorprendente para el ciudadano  es que en esa parodia participaran los partidos que así mismo y contra lógica por sus cotidianas prácticas políitcas, se siguen llamando de izquierdas, tratando de aislar al PP, mientras pactaban con la ultraderecha catalana de CiU, la que ahora los aísla a ellos, uniéndose, naturalmente, por la misma razón de clase con el PP. Y de nada les servirá proclamar que ellos también son patriotes catalans, porque CiU, ya ha quemado esa etapa, a cuya quema asistieron como pardillos, en el Pacte del Tinell, que creyeron suyo, cuando en realidad sólo asistían a su propias exequias y como asistentes de CiU.

Todo eso ya es historia y todos los que vergonzantemente apoyaron el pacte-salvo CiU que sabía que le favorecía– han quedado con el culo al aire; y ven como toda la parodia antipepera de CiU, con declaración notarial incluida, queda sin valor alguno ante el matrimonio natural, divino, del PP y CiU, y regresaban al poder tras el paréntesis sin razón, de que gobernara una izquierda a la que no le pertenecía, ya que los dioses le tienen encomendada esa tarea a ellos; toda vez que no hizo otra cosa que emular a la derecha. Y  en con ese  hieros gamos  divino consuman la unión de  la ultraderecha  sin complejos, de CiU con el PP. 

Porque la realidad es que no hay diferencia alguna entre ellos, porque es la razón de clase la que los une; los intereses económicos y la oportunidad de hacer grandes negocios. Todos los ascos que la ultraderecha catalana le hacía a la del resto de España, al PP, era pura táctica, sólo eso. Porque al fin y al cabo, se trata de negocios, de una clase explotadora, la misma, nada más. La razón de clase que debiera hacer reflexionar a los partidos que se llaman de izquierda, y ponen por delante sus delirios patrioteros nacionalistas, en lugar de hacer lo que hace la derecha, pero en sentido inverso: defender sin complejos los intereses de la mayoría, sin tantos juegos de cama identitarios, sin tanto mover la cola haciendo como que se protesta, pero  considerándose parte de la tribu, único estandarte al que todos los partidos catalanes se cogen, acabando todos siendo de la misma Cataluña, la de la derecha.

U. Plaza

martes, 29 de noviembre de 2011

PRIVATIZAR CERCANÍAS DE RENFE, DE ESO SE TRATABA

La ultraderecha catalana, con CiU a la cabeza, pero no sólo ella, también los compañeros de viaje, así mismos llamados  esquerra y hasta socialistas; o los que son su eco, le han ayudado;  constantemente ha estado exigiendo que el servicio de Cercanías de RENFE, Rodalies, pasara a sus manos;  que fuera de sus competencia, "para que mejorara el servicio", decían. Todos hemos podido ver que mejoras, lo que se dice mejoras en el servicio,  que favorezcan a los ciudadanos, nada de nada.  En realidad lo que los mercaderes de la política catalana deseaban con el traspaso de las competencias era poder tener en sus manos mayor posibilidad de negocio. Todo patriotismo de la derecha es, como sabemos, directamente proporcional a sus cuentas corrientes, patriotismo cambiante si cambiante en la perspectiva  del negocio, objetivo fundamental de sus acciones.

Y ahora, a parte del saqueo sanitario y la enseñanza para su privatización, con lo que el negocio se le presenta boyante  a CiU y sus amigos,  a costa de la salud  ciudadana,  y el futuro cultural de los catalanes, tienen un sabroso bocado a su alcance–otorgado por un gobierno como el de Zapatero, absolutamente desnortado en cuanto a los intereses de todos los ciudadanos que decía defender– que no dudan morderlo. Ahora la nueva meta es la privatización de Rodalies. Para eso tenían tanto empeño en reclamar las competencias en RENFE;  en eso se resumen todas las reivindicaciones patrioteras de CiU y todos los ultras de la derecha: para hacer negocios. Todo se traduce en mercancía rentable para unos pocos, sean los servicios públicos mencionados, sean el patrimonio que ya planean privatizar; patrimonio que puede haber costado  a los ciudadanos  un esfuerzo  cientos de años acumularlos, sobre todo edificios. 

La democracia española es así de injusta por, entre otras muchas cosas, una ley electoral antidemocrática con la que discrimina a los ciudadanos: con un porcentaje mínimo de apoyos electorales, que no llega ni al la cuarta parte logrado por CiU, se puede privatizar todo el patrimonio público si los gobernantes insaciables así lo deciden. Lo lógico sería–en una situación democrática que fuera más allá del mero ritual de votar cada cuatro años,  que ante semejante decisión se pidiera opinión a los ciudadanos en referéndum  sobre lo que es suyo y pretenden vender. 

En nuestro país los ciudadanos carecemos de opinión. Todo se puede hacer si el negocio y la ambición así lo aconseja. Se privatizan las empresas boyantes o con posibilidad de negocio, a la par que se nacionalizan las pérdidas–generalmente de forma temporal hasta que se han saneado con dinero público–para volverlas a privatizar una vez saneadas. Todos tenemos en mente muchas de esas empresas, que eran lo mejor de nuestro patrimonio, que ahora están en manos privadas. Pero no pasa nada. En legal, claro, las leyes las han hecho los mismos que disfrutan de ellas. Otra cosa es que sea justo y democrático, que eso es harina de otro costal.  Un paso para normalizar y democratizar la vida pública, sin duda pasa porque se recupere ese patrimonio, esas empresas que eran de todos, para tener un tejido industrial que nos permita situarnos al mismo nivel que los países de Europa, que nos impusieron su desmantelamiento, para vergüenza de la casta política que se hizo posible. Y siguen en ello. Lo de CiU sobre Cercanías es una pequeña muestra más de que caminamos en sentido contrario de los intereses ciudadanos. En lo que sin duda abundará con creces el PP.

U. Plaza








viernes, 25 de noviembre de 2011

DEBATE, CONGRESO, CAMBIO DE POLÍTICA, O DISOLUCIÓN

A una semana del desastre Zapatero –que es a la postre el desastre del partido socialista y sobre todo el de los españoles, porque somos  los españoles de clase baja  y media las víctimas–, lo que por lógica debía haberse producido en la noche electoral, la dimisión de todos los responsables de la debacle, principalmente del presidente, converso al salvaje liberalismo  económico, todavía no se ha producido; es más, siguen sin asumir responsabilidades nadie, ni el gobierno ni el el partido–eso sí en el consejo de ministros han hecho un ultimo favor a un personaje condenado, regalándole el indulto ¿por qué será? Ya se sabe que en España tiene más posibilidades de ir a la cárcel un ladrón de un pan que un delincuente financiero.

Parece que, aunque no cabe duda de que en la ejecutiva del PSOE están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo, más por ambiciones personales o de baronías, que por regeneración; lo que se vislumbra es que los mismos responsables del desastre son los que pretenden alzarse con el santo y la limosna, para arreglar el desaguisado. Algo así como que sean los mismos que han provocado el desastre económico, los banqueros, los encargados del arreglo, con las mismas recetas. 

Se dice que unos están apuntalando al Rubalcaba, que aunque perdió las elecciones con una patada a Zapatero en su culo, lo cierto es que él estuvo en el gobierno validando todo el desastre del converso presidente; y que como mínimo es corresponsable de una política de abandono de sus electorado y de favorecer las a los más ricos, hasta el paroxismo. No parece que sea lo que más convenga al partido. 

Como tampoco parece que la auto postulada candidata, Carmen–perdón, Carme Chacón– sea la persona más idónea para dirigir nada en este momento. Salvo que se pretenda convertir al PSOE en un partido nacionalistas, como el  amontillado PSC, que se adelantó al desastre, precisamente por olvidarse también de su electorado y copiar a la derecha convergente, a los inciativos y a Esquerra, en sus delirios patrioteros.

Lo que procede en estos momentos, es que toda la Ejecutiva presente su dimisión sin más dilación. Sin utilizar el sistema felipista de me voy para que reclamen mi vuelta por aclamación. Ninguno de los que hayan tenido la menor responsabilidad, por activa o por pasiva, en las políticas de derechas del PSOE y de su gobierno, está legitimado para seguir dirigiendo, ni siquiera en cargos subalternos. 

Lo que procede es la creación de una gestora que abra un debate entre todos sus militantes, e incluso entre los ciudadanos, ya que muchos millones de ellos, que les dieron su apoyo, lo hicieron para otras políticas. El partido, una vez fuera los que actualmente siguen queriendo gestionar el futuro, debe decidir qué camino toma. Si regresa a su historia como defensor de los intereses populares, o sigue por el camino que ya emprendiera González, de copiar, e incluso empeorar por eso de la fe del converso, a la derecha salvaje, que en España por su historia lo es mucho.

Un congreso para el mes de febrero, como se ha anunciado, y sin que el debate alcance toda la dimensión que el desastre requiere, es prematuro y acelerado, es cerrar la crisis en falso; porque es un problema de contenido ideológico. El PSOE debe decidir si es un partido, si más no, socialdemócrata, progresistas, o si ya ha decidido ser un partido que ha renunciado a los valores de la izquierda. En todo caso se debe acabar con la ficción y el engaño de llamarse socialista y obrero y mostrarse tal cual es, según las políticas que aplica de sumisión al desastre financiero. 

En caso contrario, de que los socialistas  del partido decidan recuperar sus orígenes, ser parte de la izquierda, más o menos desteñida, pero con políticas de progreso, también deben decidir qué hacen el sus filas personajes de la derecha, en Cataluña y en toda España, banqueros y otros que pululan y medran muy cómodos en el PSOE. Y otros que se jubilan ocupando puestos en empresas muy importantes. ¿Por qué será? Puede ser legal porque en este país lo legal muchas veces está lejos de la legitimidad, y sobre todo de la ética.

El partido socialista es necesario para el país. Pero lo es si cumple con su función de partido, es decir, defender a una parte–la más débil–de la sociedad. De lo contrario, para ser una formación que imite miméticamente lo que hace la derecha más salvaje como ha hecho Zapatero, y obedezca las órdenes que le dan desde las altas esferas de decisión, desde organismos que nadie ha votado, olvidando que su proyecto progresista–al menos así lo dicen cuando piden el voto sus dirigentes– debe ser intentar cambiar la realidad impuesta por el terrorismo financiero. De nos ser así mejor que se disuelvan y permitan que sea la propia sociedad la que articule los medios para defenderse de los saqueos a los que está siendo sometida por las castas políticas, hasta ahora con el apoyo del gobierno Zapatero.

U. Plaza




lunes, 21 de noviembre de 2011

LA SOLEDAD DEL PERDEDOR. REFUNDACIÓN O DISOLUCIÓN

Se merecía un poco más de generosidad por parte de los suyos.  Asumió ser el derrotado cuando aceptó ser candidaro a sabiendas, aunque nunca que llegara a tal magnitud la humillación; confiaba  en las artimañas de encantadores de serpientes que tan bien le fue al mayor serponsable de que el PSOE sea el otro partido de la derecha, cualquier cosa menos socialista, ni siquiera socialdemócrata. 

Fue patético ver cómo Alfredo Pérez Rubalcaba aparecía solo ante los medios y sus partidarios de base, mucho más generosos que los jefes, lo aplaudían. Apareció sin coraza alguna a dar la cara por una derrota, que si bien también es suya, pero no sólo suya.

Fue patético ver la cobardía del principal responsable de la debacle, que no tuvo valor de dar la cara como principal responsable del desastre, lo que retrata ya en sí, si es que hiciera falta,  al personaje, en cuyas manos estaban los destinos de los españoles. Pero también retrata a toda la Ejecutiva del PSOE, así como a su Grupo Parlamentario. Todos validaron, hasta con entusiasmo todas y cada una de las ocurrencias del personaje, por aberrantes y catastróficas que fueran, y auguraran lo que al fin llegó, poque estaba cantado; porque tampoco la democracia ha llegado al funcionamiento  los partidos y nadie se atrevía a decirle que el rey estaba desnudo donde debía, no a los medios y ocultándose, en el anonimato;  que el jefe los estaba llevando al desastre porque él era quien aseguraba sus prebendas.

Rubalcaba tuvo sus minutos amargos, pero no le quedaba más remedio que dar la cara, ante la negativa del escondido secretario general. Pero ahora empieza una larga travesía del desierto que debiera pasar por la refundación del partido–tras el fiasco de la anterior  cuando fue Zapatero el que se alzó con el triunfo en aquel congreso del '97– y donde se marcara la proyección y la ideología de los que tienen la sartén por el mango en el partido. Que decidan si se consideran socialdemócratas, o son el otro partido de recambio de la derecha, con los votos de la izquierda. 


Han jugado a las dos cosas. Han pedido el voto de los débiles y han hecho políticas para los poderosos. Lo han hecho en muchos lugares en que sólo mostraban la cara de izquierdas cuando estaban en la oposición, y claramente de derechas cuando estaban en el poder–en Cataluña, incluso emulando al nacionalismo de forma patética copiando todos sus desvaríos hasta el ridículo–  Han olvidado sus orígenes naturales republicanos; han asumido todos los valores más reaccionarios de la peor derecha salvaje sin que se les moviera un ápice la sensibilidad; han olvidado profundizar en el laicismo del Estado y han seguido contribuyendo al mantenimiento de una Iglesia, que sin embargo se muestra agresiva contra las decisiones progresistas del parlamento; se han negado a democratizar el sistema electoral, claramente injusto, que permitiera abrir campos de reflexión democrática y de participación, porque les beneficiaba como casta la antidemocrática ley vigente. Y han hecho tantas cosas que en nada importante se han diferenciado de la derecha natural.

El partido debe refundarse o disolverse. Para partido de la derecha ya existen varios. Y sólo con la asunción de los valores plenamente democráticos tiene sentido el PSOE; pero es un contrasentido que  ese partido se llame socialista, o que quiera como mínimo alcanzar el título, si más no, de progresista, y que en él cohabiten personajes de la derecha más rancia, hasta de la España profunda y  de la gran burguesía, cuyos nombres todos conocemos y chirrían en los oídos de muchos que se sienten de izquierdas. 


Han de elegir. Pero mucho nos tememos que nada de eso harán. Ahora, tras la derrota, en el próximo congreso que se avecina, harán promesa de enmienda porque toca la etapa de izquierda porque están en la oposición. Pero mucho cambian las cosas, o se hacen con el partido los socialistas–que los hay sin duda dentro del mismos aunque no manden– desembarazándose de los oportunistas que tiene por oficio llamárselo para rentabilizarlo, o dentro de un largo tiempo, cuando alcancen de nuevo el poder, la historia se repetirá. No se puede hacer una política socialista, progresista sin socialistas en el timón dirigiendo la nave. Menos sin son de derechas u oportunistas. De ser así acabará a la deriva, como ya sucedió tras el desastre González de ayer, para la izquierda, y el desastre Zapatero de hoy.

U. Plaza

domingo, 20 de noviembre de 2011

ACABÓ LA COMEDIA, SIGUE LA TRAGEDIA

Una vez finalizado el circo de toda la puesta en escena de la campaña electoral, y el día de su culminación, en la que los políticos de los grandes partidos, beneficiarios del sistema, han dedicado algo más de su tiempo  a los ciudadanos, para labrarse su futuro, sobre todo de los próximos cuatro años, ya no tienen necesidad de seguir la comedia. A partir de ahora, como es habitual, se olvidarán de los ciudadanos. Se acaba la comedia, empieza la tragedia.


Porque esto que llaman democracia no permite la participación ciudadana. Sobre todo en los grandes temas que nos afectan; todo quedará al libre albedrío de unos cuantos, a los que hemos votado, más o menos, aunque los votos hayan sido en el cómputo general una minoría muy escasa en el reparto, en unas elecciones desiguales, sin que todos los votos vangan iguales. En definitiva, sin democracia. 


Ahora, y hasta la próxima puesta en escena de la siguiente comedia antes de la siguiente tragedia, ni sabrán que existimos. O lo sabrán sólo en la medida en que seamos capaces de hacérselo recordar con nuestras protestas ante todo lo que tramarán en contra nuestra. Y sacarán la porra–es un decir ya que el presupuesto para la represión de las protestas es la única partida que cuidan como oro en paño los encargados de orden, que como sabemos en el mayor de los desórdenes.

Porque de inmediato, salvado el molesto, pero necesario escollo electoral que lo cumplen porque lo justifica todo; y tras la noche de fiesta de unos y los llantos de otros, se volverá a lo que la casta política llama normalidad; es decir, la mayor de las anormalidades, como es hacer todo lo que está en sus manos para servir a especuladores y  banqueros, porque ese es su cometido. Para eso se apresurarán a hacer políticas que nunca llevaron en sus programas, todo lo contrario: las ocultaron.
 
Ahora, como vienen haciendo desde que hay elecciones, tras la dictadura, todas las promesas electorales de los grandes partidos que son los que decidirán, será caro papel mojado, inservible, o sólo  para aquellos curiosos que tengan el humor de volver a cabrearse si los releen, en un ejercicio de masoquismo,  y constaten la farsa del sistema. 

Todo cuanto, dijeron, digo, quedará en Diego; es más ni tan siquiera se molestarán en justificar las mentiras. La soberbia que anida en las mentes de la casta política es de tal magnitud, que en lugar de ser humildes ciudadanos que se sienten responsables de sus promesas, considerarán de inmediato que somos nosotros, los ciudadanos que pagamos sus escandalosos sueldos y prebendas los que estamos a su disposición. La inmoralidad sigue en ascenso cada día, cada instante. Y si protestamos, aun pacíficamente por los recortes, por el saqueo sanitario para enriquecerse, siempre habrá  dinero de sobra para la partido de pertrechos para la represión, esa no se rebaja. El orden, aun a golpes, es su cometido, es decir el orden de la injusticia. Son especialistas en ello, son siglos de experiencia reprimiendo a los de abajo, para que los de arriba sigan viviendo a los grande.
 
Reverdecerán sus maquiavélicas tramas, pondrán en marcha todo el aparato de propaganda para convencernos de que las mejoras conquistadas durante más de dos siglos de lucha, que hemos pagado con mucha sangre y dolor, ya no nos lo podemos permitir porque antes que nosotros y nuestros derechos a la Sanidad y a la Enseñanza; antes que procurar una vida digna a los ancinos tras una vida de trabajo, hay que sanear sus  despilfarros y los de sus amos: el atraco bancario. 

Seguirán saqueándonos sin que el menos rubor, del que carecen por falta de costumbre, de nuestros derechos, para que los grandes millonarios sigan siéndolo aún más, y a su vez les permitan  a ellos, a los capataces de la política, disfrutar de las migajas que caen de las mesas de los poderosos; que es mucho dinero, pero que para las multimillonarias cifras de las que se apropian, los que de verdad mandan,  son minucias sin importancia. A pesar de todo, se venden bastante barato para lo que le hacen ganar a sus amos, aunque para la inmensa mayoría sea escandaloso.
 
Ahora, ya pasado el paréntesis electoral, bastará con que la maquinaria desinformativa se mantenga engrasada. Y cuando falten pocas semanas para la próxima puesta en escena,  la próxima comedia, digo, que precederá a la siguiente tragedia, unos tragos de telebasura, confiarán en que la gente se haya olvidado de que todo cuanto dijeron cuatro años atrás era falso–como ahora se ha olvidado de lo anterior–. Y que con un poco de salsa amnésica, volvamos a renovarle el contrato. Al fin y al cabo también son mandaos, los que decidirán de verdad no se presentan a las elecciones, para esos trabajos los tienen a ellos, sus capataces. Entre tragedia y tragedia, 15 días de comedia.
 
U. Plaza

miércoles, 16 de noviembre de 2011

¿DEMOCRACIA? ¿QUÉ DEMOCRACIA? y (VII)

Seguramente una de las mayores aberraciones cometidas en la transacción desde la dictadura a la partitocracia de hoy, fue el haber hecho un pacto tácito entre los actores de aquella obra maestra de distracción, para olvidar nuestro reciente pasado. No pongo en duda que hubo motivos en aquellos momentos, si más no, para aplazar ciertas cuestiones que pudieran ser ásperas y de difícil acomodo, cuando lo que se suponía que de lo que se trataba era de consolidar un Estado que rompiera con la dictadura y avanzar hacia la democracia; toda vez que el régimen no fue derrocado, y fue él, sus dirigentes conversos a la democracia en los últimos minutos,  quien marcó la pauta del cambio que hizo, obviamente a sus gusto, para que no cambiara  nada en lo fundamental del poder oligárquico, y de todos aquellos que se habían beneficiado de la larga dictadura; sobre todo porque los guardianes de la misma, el ejército franquista, la Iglesia y las fuerzas represivas muy implicadas en acallar cualquier protesta, como principales soportes a lo que el franquismo representaba, harían todo lo posible para no hacerlo viable.

Pero una vez pasado el tiempo, todos aquellos, los políticos que iban llegando de renuevo, aunque endogámicos, porque no se movía nada que no estuviera bajo control, vieron las ventajas que les reportaba el disfrute de las prebendas y sueldos la situación establecida, con los que muchos, ni siquiera en sus mejores desvaríos oníricos habían pensado. Y parece que consideraron que la mejor manera de  eternizar los privilegios era manteniendo a los ciudadanos en la más absoluta de las ignorancias en cuanto a su pasado reciente. Era mejor no meneallo para que la gente no se hiciera preguntas. Sobre el pasado dictatorial y también sobre el pasado más reciente que nos ha llevado al presente caótico de castas políticas, y por ende, de injusticia, del que no son ajenos los que, gobernando, no lo hicieron o impidieron en toda si dimensión. 


No les corría ninguna prisa que las jóvenes generaciones pudieran conocer de forma clara lo que había pasado en España en el último medio siglo, entonces, ahora ya transcurridos más de ochenta años. Y nada  realmente efectivo se hizo para que  en las escuelas, ya desde primaria, en los institutos, ni siquiera en las universidades, con el suficiente análisis que permitiera a la juventud conocer todo lo que necesariamente, tarde o temprano se vería en la necesidad de preguntarse. 


Sólo aquellos jóvenes que por tradición familiar, porque habían participado en la lucha antifranquista, conocieron parte de la historia, naturalmente muy limitada, y por qué no, sesgada. La mayoría la desconoce todavía. Y salvo aquellos que se sumergieron en lecturas posteriores a las docentes, y que fueron descubriendo todo o parte de lo que les habían ocultado, vivió su infancia y su adolescencia con una reciente página de su pasado en blanco, que nadie institucionalmente quería rellenar. Pero que sin ello, sin un completo estudio histórico en los sistemas de enseñanza, no se podrá cerrar un negro capítulo de España. Una vez rellenada, y leída esa página, podremos mirar adelante sin más. 

Incluso aquellos que entonces, siendo jóvenes y que participaron en las luchas en el tardo franquismo, ante el panorama desolador que propiciaban los que se había aupado al poder, pero  que nada tenía que ver con las ilusiones que les había llevado a involucrarse en la lucha, consideraron que la batalla la habían perdido estrepitosamente; que las clases populares habían sido derrotadas una vez más, y que a esta derrota habían contribuido los que se suponía eran de los suyos, aunque,  bastara un pequeño análisis biográfico para convencerse de todo lo contrario. 

Para entenderlo basta saber que de los 33 años  que van desde la aprobación de la Constitución en 1978 hasta hoy, cerca de 22 han gobernado los que, en principio, debieran haber sido los más interesados en recuperar la memoria, en explicarle a los ciudadanos nuestro reciente pasado, de forma desapasionada y sin falsear, tarea de la que se encargo extensamente la dictadura. 


Estaban en las mejores condiciones, una vez conjurado el temor de la involución, para haber llevado a fondo, sin sectarismo de ninguna clase, todo el conocimiento de lo que representó la República en el terreno cultural y modernización de las estructuras sociales, en mucha zonas, medievales; también sus carencias y errores, por supuesto. Así cómo los motivos que llevaron a las castas ancladas en un pasado colonial ya inexistente, con la Iglesia y las fuerzas más reaccionarias y privilegiadas como principal soporte, a dar un golpe de Estado, que sumió a España en un régimen de terror e ignorancia.

Era el momento para explicar, sin apasionamiento, con toda la información que los historiadores, y la memoria viva que todavía muchos tenían, todo lo acontecido tras el golpe de Estado y los acontecimientos que hubo en todos y cada uno de los lugares de España. Y, sin lugar a dudas lo que representó la dictadura de la oligarquía durante cerca de cuatro décadas.


La Historia debe ser contada y conocida por las nuevas generaciones tal como ocurrieron los acontecimientos, sin manipulación; con sus heroicidades y sus miserias, única manera de cerrar las páginas de nuestra historia, que no lo hará mientras todo no se haya situado en el lugar que le corresponda. 

La dictadura, su crímenes y todas sus injusticias es la gran desconocida de las jóvenes generaciones. Y  lo peor que se ha hecho ha sido convertirla en un tabú, pensando que de esa manera todo sería más fácil de manejar. Los pueblos europeos que pasaron por situaciones de dominación fascista, bien pronto supieron abordar los temas, por espinosos que fueran, y en un análisis colectivo, con la historia clara de todos los acontecimientos, decidieron mirar hacia adelante, sin resquemores ni  reproches del pasado. Nosotros hemos hecho todo lo contrario; y sin ninguna duda es una rémora, un lastre, del que debiéramos habernos desprendido. Hasta tenemos una Academia de la Historia, que la falsea al estilo franquista, que elogia al dictador, para vergüenza de los responsables políticos, y humillación de todos aquellos asesinados en las cunetas y tapias de los cementerios, que por cierto siguen la mayoría de ellos, sin contar con el apoyo oficial para sus familiares les den sepultura con el respeto merecido, ya que fueron asesinados por defender la legalidad democrática. Nada de eso parece preocupar a nuestros gobernantes. 






U. Plaza