martes, 20 de diciembre de 2011

EL TONGO



Todo cuanto ha sucedido en la puesta en escena de la elección de Mariano Rajoy como presidente el gobierno, ha sido muy previsible. Tan previsible y sin  la más mínima garra. El debate ha transcurrido con toda la carga de aburrimiento que tiene el saber el resultado de la película que ya hemos visto otras veces; porque tanto indios como soldados de caballería, en realidad están en el mismo bando, una vez acabado el rodaje.

Me ha llamado la atención, a parte de otras consideraciones y detalles sobre algunos diputados nuevos en la Cámara, que ha aumentado el pluralismo, el hecho de que por primera vez en mucho tiempo los partidos-chantaje de la derecha periférica–CiU, PNV y CC, y en cierto modo también ERC–, no puedan condicionar las decisiones  del gobierno en provecho de sus castas particulares.

Pero lo que realmente me me ha llamado la atención es el descaro con el que se ha puesto en escena el tongo entre Alfredo Pérez Rubalcaba y el candidato a la presidencia del gobierno, Rajoy.  Ni siquiera han guardado las forma teatrales en el sentido de que, siendo ambos partidos de la misma astilla, del mismo árbol político, porque  defienden los mismos objetivos e intereses de la derecha más salvaje–ahí está la política de Zapatero de los  últimos años–, a Rubalcaba no se le haya ocurrido otro discurso que el de rendir sus armas al Cid ganador, sin siquiera intentar combatir, mas que fuera para intentar recuperar su maltrecho electorado.  

Aquello era como asistir a uno de esos tongos, combates de boxeo amañados en el que el aspirante está seguro de su triunfo, y el otro, para el que lo importante es cubrir el expediente, sin otros ánimos u objetivos.  Y sobre todo eso que cínicamente llaman los políticos, las formas, que no es más que la culminación del engaño, el tongo al ciudadano que se pregunta anonadado, de qué ha servido su voto. 

Todo estaba previsto; porque ya Rubalcaba  había anunciado eso tan usado de, haremos una oposición responsable; lo que es para ponerse a temblar, porque significa que se podrán de acuerdo para hacer cualquier manejo contra el ciudadano, tal como lo vienen haciendo apoyándose mutuamente, como hemos visto con el cambio de la Constitución, si los mercados, es decir, los que nos han llevado a esta catástrofe, se lo piden, aunque eso signifique dejar sin coberturas sociales a los ciudadanos, porque "hay que rescatar a las entidades financieras". Y eso es antes que la salud ciudadana, antes que la enseñanza pública, antes que atender a las personas mayores. Y además, en ese río revuelto de reparto de dinero público para los culpables del desastre, habrá negocio para algunos, con las privatizaciones. 

Mal empieza la travesía del desierto del PSOE, si los militantes no toman conciencia de que, para ese viaje pocas alforjas son menester. 

U. Plaza


sábado, 17 de diciembre de 2011

EL CONGRESO DEL PSC Y LA DEMOCRACIA EN LOS PARTIDOS


La asignatura pendiente por excelencia de los partidos políticos es su democratización, a la que ninguno de los dirigentes quiere meterle el diente. Es una asignatura lo suficientemente importante como para que los dirigentes políticos huyan de ella como de la peste, eludiéndola, a pesar de que día a día ven cómo se deteriora la función política, en opinión de la mayoría de los ciudadanos, que ven en ellos, en su gestión, el problema, cuando se supone que debieran ser la solución. Es una práctica que alcanza a todos los partidos casi sin excepción. Y por supuesto a todos los que tocan o han tocado poder en mayor o menor grado; es una práctica difícil de corregir si no se desmonta todo el tinglado que permite que las cosas sean así y no de otra manera más racional y democrática.

Y el PSC en esto no es una excepción; cumple todas las expectativas de falta de democracia interna como el resto de las formaciones políticas. 

No se comprendería la situación dada en el congreso  de dicho partido que está teniendo lugar durante este fin de semana. Resulta que el PSC viene cosechando derrota tras derrota desde el anterior congreso; han perdido el gobierno de la Generalitat, permitiendo que la extremaderecha,  CiU, recuperara el poder en las elecciones regionales, y sin que nadie asumiera de inmediato la responsabilidad presentando su dimisión y permitir la renovación del partido; han perdido las principales ciudades en las elecciones municipales, Barcelona incluida,  en las que gobernaban desde el inicio de la democracia con una derrota que, aunque sea recurriendo al tópico, es de las que hacen historia. Y por último hasta han perdido las elecciones generales, lo que nunca había sucedido antes, siendo el PSC, aunque no por méritos propios, sino por simpatías hacia el PSOE  de muchos trabajadores, el que siempre las ganaba de forma indiscutible, muy por encima de la derecha convergente. 

Pues bien, todos esos desastres encadenados uno tras otro, no han sido motivo suficiente para que, en el congreso del partido,  sus delegados rechazaran con sus votos la gestión llevada a cabo por los dirigentes que ha conducido al PSC, y por la responsabilidad que ejercían, a toda Cataluña, al desastre, a  aupar a la derecha más agresiva e insolidaria catalana, con el apoyo del PP, para que pueda hacer las políticas más impopulares y reaccionarias posibles, en contra de los ciudadanos más débiles como estamos viendo, con el nulo sentido democrático de CiU, a la hora de repartir las cargas .

En lugar de lo propio, la censura a los dirigentes, por su desastrosa gestión, por parte de los delegados, sí ha logrado la ejecutiva que sea aprobada su gestión por más de dos tercios de los votos. Incompresible en una situación de normalidad y trasparencia democrática.

Cabe preguntarse qué habría tenido que pasar para que, si no en su totalidad, sí la mayoría de los delegados tomara conciencia de la situación, para rechazar el resultado de una calamitosa gestión de la ejecutiva, visto que la que han llevado a cabo, les parece buena a los dos tercios de los delegados.

Pues lo más seguro es que nada diferente a los sucedido ahora. Sean cuales sean los resultados  obtenidos por el partido, todo habría discurrido por los mismos cauces que ahora. Y eso es precisamente el problema. 

Las ejecutivas de los partidos controlan  todos los entresijos de los mismos, sin que nada se les escape; desde los procesos congresuales hasta la mayoría de los delegados que votarán lo que conviene votar para que todo parezca que cambie, pero que todo siga más o menos igual. 

Y, es ciertamente compresible, toda vez que esas ejecutivas  controlan también muchos de los empleos de los delegados; los que si en otra época los cargos les servían para medrar, en estos tiempos de sumisión política al mundo financiero, y liquidación en la práctica de la democracia, ni siquiera formal, y  de miseria para los de abajo, tener un empleo o una forma de ganarse la vida, es mucho más importante que una crítica al desastre político logrado por los dirigentes. Porque saben que, sean quienes sean los que queden mandando, pertenecerán al mismo núcleo del grupo de intereses; y  saben que ese grupo seguirá teniendo la llave del cajón del pan, que les permite comer. 

Así que votar en conciencia para castigar a los responsables del desastre; a los que se sabe que no desean que la democracia de verdad se cuele entre las rendijas de un congreso controlado, no es la opción que mejor contemplan los delegados, cuando se manejan tantos parámetros y situaciones hasta personales. Para que eso cambie es condición indispensable partir de cero, echarlos a todos los que hasta ahora han dirigido el cotarro; y que sean caras nuevas y sin compromisos los que se encarguen de democratizar el partido. 

Pero eso es tanto como una revolución dentro de las encorsetadas estructuras caciquiles de los partidos, que nada tienen que ver con los verdaderos intereses que dicen representar, como estamos viendo de forma dramática, con toda su crueldad en los tiempos que corren de desahucios y recortes de derechos para los más pobres, y enriquecimiento insultante para los más ricos. 

Y sería  un soplo de aire fresco para la política. Pero los dirigentes políticos prefieren la polución del contaminado aire actual que les permite a ellos ejercer una suerte de caciquismo, el cual les va muy bien, aunque se hunda Troya para la mayoría de los ciudadanos.

U. Plaza

jueves, 15 de diciembre de 2011

EL DILEMA DEL PSC: SOCIALISTA O NACIONALISTA


Como era previsible, visto el talante derechista de la cúpula del PSC, el nacionalista Pere Navarro, alcalde de Terrassa, el que se postula para dirigir el maltrecho partido tras el fiasco de la montillada, da sus pasos, como también lo hacen otros de la misma cuerda como Montserrat Tura; y lo hace, no hacia posiciones sociales que justifiquen el nombre de socialista, sino precisamente en sentido contrario: hacia posiciones nacionalistas, es decir de derechas, compitiendo con el otro partido de la derecha catalana, hoy ya en la mayor de la extrema derecha, vista las políticas que está llevando a cabo, liquidando lo público a favor del negocio privado. 

El alma nacionalista de la cúpula PSC, que no de sus militantes, y mucho menos de sus votantes, la gran debilidad que sume a ese partido en la desesperación para lograr la verdadera cuadratura del círculo, esto es, presentarse como socialista, recabar los votos de miles de ciudadanos que les votan porque así lo creen–sobre todo porque han unido siempre a la hora de la verdad sus cantos de sirena con los del PSOE–, y sin embargo están permanentemente hablando de partido independiente. 

Navarro, como buen representante de esa burguesía, la catalana, que juega a ganar como sea, también ha sacado a colación sus delirios nacionalistas, diciendo que el PSC debe votar en el Congreso aparte del PSOE, diferenciándose de éste, actitud típica del nacionalismo: ser diferente, o vender la moto de la diferencia.

A este discurso tan manido del chantaje permanente que tanto gusta utilizar al nacionalismo–sean el  partidos-chantaje de CiU, o sea el PSC, lo lógico sería que el PSOE, de una vez por todas diera un paso adelante en la regeneración del partido y decidiera que ya está bien de tanto victimismo; y que se presentaran a las elecciones en Cataluña como PSOE; y que los nacionalistas del PSC, entre los que está Navarro, lo hicieran como lo que son, es decir como una fracción de la burguesía catalana. O, teniendo en cuenta las escasas, por no decir nulas diferencias con CiU, que se integraran en el partido de la derecha catalana. Al fin y al cabo no tienen ningún problema en unirse a ellos para defender la esencias patrioteras, olvidándose de que lo que los debiera diferenciar es la condición de clase y los intereses populares, que nada tienen que ver con los delirios patrioteros de CiU y otros compañeros de ese viaje, que también se dicen de izquierdas.

Esa situación aclararía mucho el panorama político catalán. Y si los nacionalistas del PSC como Navarro, Tura y otros que pululan en el mismo con similar intención y andamiaje político, decidieran continuar con la ficción de seguir llamándose socialistas, lo que no cabe duda es de que ya no tendrían ningún problema a la hora de votar como les diera la gana, suponiendo que lograran tener suficientes votos, enfrentándose al PSOE, al que siempre, repetimos, acuden para que les eche una mano en tiempo de elecciones. 

La cosa está clara: es cuestión de ser ellos mismos, de no jugar con dos baraja, una  para apoyarse en los socialistas del PSOE para recabar el voto del obrero castellano parlante, al tiempo que hacen políticas nacionalistas y por lo tanto de derechas, que ya las hace el partido de la derecha catalana, como todo el mundo sabe. Ese es el dilema. Lo que pasa es que Navarro, como el resto de los dirigente del PSC, saben las escasas posibilidades que tendrían como partido verdaderamente independiente, sin los apoyos del PSOE, y enfrentado electoralmente a éste.  O bien tratando de ocupar el espacio que ya ocupa la ultraderecha convergente.

U. Plaza


miércoles, 7 de diciembre de 2011

CiU-PP: HIEROS GAMOS

La ultraderecha catalana, CiU, ha descubierto ante todos las verdaderas cartas con las que quiere jugar, que no son ya sólo la bandera tan explotada durante tanto tiempo, de Catalunya, la Nació y toda la palabrería inventada para el consumo idiotizante de muchos honestos  ciudadanos que se lo siguen creyendo, aunque cada vez les cuesta más tragar semejante rueda de molino –visto el saqueo de lo publico que están llevando a cabo–  y que con tanto arte utilizó el inventor de la cosa, que muchos incluso llegaron a mitificar y a considerarlo un  equilibrado gobernante con capacidad, cuando a la vista estaba que no daba para mucho, salvo que por una ley electoral antidemocrática, le permitía ciertas licencias de apoyos a los partidos gobernantes, incapaces de democratizar dicha ley para acabar con  semejante disparate de que unos pocos votos decidieran la política de todos.

Ahora, sus herederos, ya despojados de toda vestimenta de partido centrado, equilibrado y con mucho seny,  que nunca tuvo más allá de hacer de la necesidad virtud, se apresura  a dejar por el camino muchas de las teatralidades de antaño por no necesitarlas; cuando todos los partidos catalanes se unieron, porque así convenía al guión, para aquel Pacte del Tinell, onanista, con el que quedaron orgiásticamenente satisfechos todo los partidos nacionalistas. Todos, sin excepción, en una práctica antidemocrática, por no llamarlo con palabras más gruesas.  

Pretendiendo excluir al PP, con la peregrina idea de hacer creer a la ciudadanía que éste era otra cosa diferente, extraño  y que no formaba parte también de la Cataluña real;  donde existen unas clases sociales explotadoras y otras–la mayoría– explotadas;  y que precisamente la misma clase explotadora  a las que pertenece el PP, es la de CiU, sin ninguna diferencia, ¡ninguna!  

Pero es que, en sus delirios de exclusión no se daban cuenta de que algunos de los acompañantes de los auténticos catalanes, porque esa era la excusa de la exclusión, en ese fraude democrático, recogían muchos menos votos populares que el enemigo de Cataluña. Cuando, cuanto menos,  deberían haber analizado de qué Cataluña estaban hablando unos y otros. Porque si se referían a la Cataluña obrera y popular, a las clases medias  y laboriosas,  tan enemigos de esa Cataluña eran–son– los peperos como CiU por razón de clase, con los que pactaban semejante aberración que pasará a la historia de las infamias, como Pacte del Tinell. Porque al PP hay que combatirlo, si se consideran de izquierdas, con las mismas armas ideológicas, con las mismas razones políticas, que a CiU; pero, claro para eso hay que quitarse la venda de esa sin razón, liquidar ese oximorón, de querer ser de izquierdas y nacionalista a un tiempo. 


Porque lo que  es  realmente sorprendente para el ciudadano  es que en esa parodia participaran los partidos que así mismo y contra lógica por sus cotidianas prácticas políitcas, se siguen llamando de izquierdas, tratando de aislar al PP, mientras pactaban con la ultraderecha catalana de CiU, la que ahora los aísla a ellos, uniéndose, naturalmente, por la misma razón de clase con el PP. Y de nada les servirá proclamar que ellos también son patriotes catalans, porque CiU, ya ha quemado esa etapa, a cuya quema asistieron como pardillos, en el Pacte del Tinell, que creyeron suyo, cuando en realidad sólo asistían a su propias exequias y como asistentes de CiU.

Todo eso ya es historia y todos los que vergonzantemente apoyaron el pacte-salvo CiU que sabía que le favorecía– han quedado con el culo al aire; y ven como toda la parodia antipepera de CiU, con declaración notarial incluida, queda sin valor alguno ante el matrimonio natural, divino, del PP y CiU, y regresaban al poder tras el paréntesis sin razón, de que gobernara una izquierda a la que no le pertenecía, ya que los dioses le tienen encomendada esa tarea a ellos; toda vez que no hizo otra cosa que emular a la derecha. Y  en con ese  hieros gamos  divino consuman la unión de  la ultraderecha  sin complejos, de CiU con el PP. 

Porque la realidad es que no hay diferencia alguna entre ellos, porque es la razón de clase la que los une; los intereses económicos y la oportunidad de hacer grandes negocios. Todos los ascos que la ultraderecha catalana le hacía a la del resto de España, al PP, era pura táctica, sólo eso. Porque al fin y al cabo, se trata de negocios, de una clase explotadora, la misma, nada más. La razón de clase que debiera hacer reflexionar a los partidos que se llaman de izquierda, y ponen por delante sus delirios patrioteros nacionalistas, en lugar de hacer lo que hace la derecha, pero en sentido inverso: defender sin complejos los intereses de la mayoría, sin tantos juegos de cama identitarios, sin tanto mover la cola haciendo como que se protesta, pero  considerándose parte de la tribu, único estandarte al que todos los partidos catalanes se cogen, acabando todos siendo de la misma Cataluña, la de la derecha.

U. Plaza

martes, 29 de noviembre de 2011

PRIVATIZAR CERCANÍAS DE RENFE, DE ESO SE TRATABA

La ultraderecha catalana, con CiU a la cabeza, pero no sólo ella, también los compañeros de viaje, así mismos llamados  esquerra y hasta socialistas; o los que son su eco, le han ayudado;  constantemente ha estado exigiendo que el servicio de Cercanías de RENFE, Rodalies, pasara a sus manos;  que fuera de sus competencia, "para que mejorara el servicio", decían. Todos hemos podido ver que mejoras, lo que se dice mejoras en el servicio,  que favorezcan a los ciudadanos, nada de nada.  En realidad lo que los mercaderes de la política catalana deseaban con el traspaso de las competencias era poder tener en sus manos mayor posibilidad de negocio. Todo patriotismo de la derecha es, como sabemos, directamente proporcional a sus cuentas corrientes, patriotismo cambiante si cambiante en la perspectiva  del negocio, objetivo fundamental de sus acciones.

Y ahora, a parte del saqueo sanitario y la enseñanza para su privatización, con lo que el negocio se le presenta boyante  a CiU y sus amigos,  a costa de la salud  ciudadana,  y el futuro cultural de los catalanes, tienen un sabroso bocado a su alcance–otorgado por un gobierno como el de Zapatero, absolutamente desnortado en cuanto a los intereses de todos los ciudadanos que decía defender– que no dudan morderlo. Ahora la nueva meta es la privatización de Rodalies. Para eso tenían tanto empeño en reclamar las competencias en RENFE;  en eso se resumen todas las reivindicaciones patrioteras de CiU y todos los ultras de la derecha: para hacer negocios. Todo se traduce en mercancía rentable para unos pocos, sean los servicios públicos mencionados, sean el patrimonio que ya planean privatizar; patrimonio que puede haber costado  a los ciudadanos  un esfuerzo  cientos de años acumularlos, sobre todo edificios. 

La democracia española es así de injusta por, entre otras muchas cosas, una ley electoral antidemocrática con la que discrimina a los ciudadanos: con un porcentaje mínimo de apoyos electorales, que no llega ni al la cuarta parte logrado por CiU, se puede privatizar todo el patrimonio público si los gobernantes insaciables así lo deciden. Lo lógico sería–en una situación democrática que fuera más allá del mero ritual de votar cada cuatro años,  que ante semejante decisión se pidiera opinión a los ciudadanos en referéndum  sobre lo que es suyo y pretenden vender. 

En nuestro país los ciudadanos carecemos de opinión. Todo se puede hacer si el negocio y la ambición así lo aconseja. Se privatizan las empresas boyantes o con posibilidad de negocio, a la par que se nacionalizan las pérdidas–generalmente de forma temporal hasta que se han saneado con dinero público–para volverlas a privatizar una vez saneadas. Todos tenemos en mente muchas de esas empresas, que eran lo mejor de nuestro patrimonio, que ahora están en manos privadas. Pero no pasa nada. En legal, claro, las leyes las han hecho los mismos que disfrutan de ellas. Otra cosa es que sea justo y democrático, que eso es harina de otro costal.  Un paso para normalizar y democratizar la vida pública, sin duda pasa porque se recupere ese patrimonio, esas empresas que eran de todos, para tener un tejido industrial que nos permita situarnos al mismo nivel que los países de Europa, que nos impusieron su desmantelamiento, para vergüenza de la casta política que se hizo posible. Y siguen en ello. Lo de CiU sobre Cercanías es una pequeña muestra más de que caminamos en sentido contrario de los intereses ciudadanos. En lo que sin duda abundará con creces el PP.

U. Plaza








viernes, 25 de noviembre de 2011

DEBATE, CONGRESO, CAMBIO DE POLÍTICA, O DISOLUCIÓN

A una semana del desastre Zapatero –que es a la postre el desastre del partido socialista y sobre todo el de los españoles, porque somos  los españoles de clase baja  y media las víctimas–, lo que por lógica debía haberse producido en la noche electoral, la dimisión de todos los responsables de la debacle, principalmente del presidente, converso al salvaje liberalismo  económico, todavía no se ha producido; es más, siguen sin asumir responsabilidades nadie, ni el gobierno ni el el partido–eso sí en el consejo de ministros han hecho un ultimo favor a un personaje condenado, regalándole el indulto ¿por qué será? Ya se sabe que en España tiene más posibilidades de ir a la cárcel un ladrón de un pan que un delincuente financiero.

Parece que, aunque no cabe duda de que en la ejecutiva del PSOE están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo, más por ambiciones personales o de baronías, que por regeneración; lo que se vislumbra es que los mismos responsables del desastre son los que pretenden alzarse con el santo y la limosna, para arreglar el desaguisado. Algo así como que sean los mismos que han provocado el desastre económico, los banqueros, los encargados del arreglo, con las mismas recetas. 

Se dice que unos están apuntalando al Rubalcaba, que aunque perdió las elecciones con una patada a Zapatero en su culo, lo cierto es que él estuvo en el gobierno validando todo el desastre del converso presidente; y que como mínimo es corresponsable de una política de abandono de sus electorado y de favorecer las a los más ricos, hasta el paroxismo. No parece que sea lo que más convenga al partido. 

Como tampoco parece que la auto postulada candidata, Carmen–perdón, Carme Chacón– sea la persona más idónea para dirigir nada en este momento. Salvo que se pretenda convertir al PSOE en un partido nacionalistas, como el  amontillado PSC, que se adelantó al desastre, precisamente por olvidarse también de su electorado y copiar a la derecha convergente, a los inciativos y a Esquerra, en sus delirios patrioteros.

Lo que procede en estos momentos, es que toda la Ejecutiva presente su dimisión sin más dilación. Sin utilizar el sistema felipista de me voy para que reclamen mi vuelta por aclamación. Ninguno de los que hayan tenido la menor responsabilidad, por activa o por pasiva, en las políticas de derechas del PSOE y de su gobierno, está legitimado para seguir dirigiendo, ni siquiera en cargos subalternos. 

Lo que procede es la creación de una gestora que abra un debate entre todos sus militantes, e incluso entre los ciudadanos, ya que muchos millones de ellos, que les dieron su apoyo, lo hicieron para otras políticas. El partido, una vez fuera los que actualmente siguen queriendo gestionar el futuro, debe decidir qué camino toma. Si regresa a su historia como defensor de los intereses populares, o sigue por el camino que ya emprendiera González, de copiar, e incluso empeorar por eso de la fe del converso, a la derecha salvaje, que en España por su historia lo es mucho.

Un congreso para el mes de febrero, como se ha anunciado, y sin que el debate alcance toda la dimensión que el desastre requiere, es prematuro y acelerado, es cerrar la crisis en falso; porque es un problema de contenido ideológico. El PSOE debe decidir si es un partido, si más no, socialdemócrata, progresistas, o si ya ha decidido ser un partido que ha renunciado a los valores de la izquierda. En todo caso se debe acabar con la ficción y el engaño de llamarse socialista y obrero y mostrarse tal cual es, según las políticas que aplica de sumisión al desastre financiero. 

En caso contrario, de que los socialistas  del partido decidan recuperar sus orígenes, ser parte de la izquierda, más o menos desteñida, pero con políticas de progreso, también deben decidir qué hacen el sus filas personajes de la derecha, en Cataluña y en toda España, banqueros y otros que pululan y medran muy cómodos en el PSOE. Y otros que se jubilan ocupando puestos en empresas muy importantes. ¿Por qué será? Puede ser legal porque en este país lo legal muchas veces está lejos de la legitimidad, y sobre todo de la ética.

El partido socialista es necesario para el país. Pero lo es si cumple con su función de partido, es decir, defender a una parte–la más débil–de la sociedad. De lo contrario, para ser una formación que imite miméticamente lo que hace la derecha más salvaje como ha hecho Zapatero, y obedezca las órdenes que le dan desde las altas esferas de decisión, desde organismos que nadie ha votado, olvidando que su proyecto progresista–al menos así lo dicen cuando piden el voto sus dirigentes– debe ser intentar cambiar la realidad impuesta por el terrorismo financiero. De nos ser así mejor que se disuelvan y permitan que sea la propia sociedad la que articule los medios para defenderse de los saqueos a los que está siendo sometida por las castas políticas, hasta ahora con el apoyo del gobierno Zapatero.

U. Plaza




lunes, 21 de noviembre de 2011

LA SOLEDAD DEL PERDEDOR. REFUNDACIÓN O DISOLUCIÓN

Se merecía un poco más de generosidad por parte de los suyos.  Asumió ser el derrotado cuando aceptó ser candidaro a sabiendas, aunque nunca que llegara a tal magnitud la humillación; confiaba  en las artimañas de encantadores de serpientes que tan bien le fue al mayor serponsable de que el PSOE sea el otro partido de la derecha, cualquier cosa menos socialista, ni siquiera socialdemócrata. 

Fue patético ver cómo Alfredo Pérez Rubalcaba aparecía solo ante los medios y sus partidarios de base, mucho más generosos que los jefes, lo aplaudían. Apareció sin coraza alguna a dar la cara por una derrota, que si bien también es suya, pero no sólo suya.

Fue patético ver la cobardía del principal responsable de la debacle, que no tuvo valor de dar la cara como principal responsable del desastre, lo que retrata ya en sí, si es que hiciera falta,  al personaje, en cuyas manos estaban los destinos de los españoles. Pero también retrata a toda la Ejecutiva del PSOE, así como a su Grupo Parlamentario. Todos validaron, hasta con entusiasmo todas y cada una de las ocurrencias del personaje, por aberrantes y catastróficas que fueran, y auguraran lo que al fin llegó, poque estaba cantado; porque tampoco la democracia ha llegado al funcionamiento  los partidos y nadie se atrevía a decirle que el rey estaba desnudo donde debía, no a los medios y ocultándose, en el anonimato;  que el jefe los estaba llevando al desastre porque él era quien aseguraba sus prebendas.

Rubalcaba tuvo sus minutos amargos, pero no le quedaba más remedio que dar la cara, ante la negativa del escondido secretario general. Pero ahora empieza una larga travesía del desierto que debiera pasar por la refundación del partido–tras el fiasco de la anterior  cuando fue Zapatero el que se alzó con el triunfo en aquel congreso del '97– y donde se marcara la proyección y la ideología de los que tienen la sartén por el mango en el partido. Que decidan si se consideran socialdemócratas, o son el otro partido de recambio de la derecha, con los votos de la izquierda. 


Han jugado a las dos cosas. Han pedido el voto de los débiles y han hecho políticas para los poderosos. Lo han hecho en muchos lugares en que sólo mostraban la cara de izquierdas cuando estaban en la oposición, y claramente de derechas cuando estaban en el poder–en Cataluña, incluso emulando al nacionalismo de forma patética copiando todos sus desvaríos hasta el ridículo–  Han olvidado sus orígenes naturales republicanos; han asumido todos los valores más reaccionarios de la peor derecha salvaje sin que se les moviera un ápice la sensibilidad; han olvidado profundizar en el laicismo del Estado y han seguido contribuyendo al mantenimiento de una Iglesia, que sin embargo se muestra agresiva contra las decisiones progresistas del parlamento; se han negado a democratizar el sistema electoral, claramente injusto, que permitiera abrir campos de reflexión democrática y de participación, porque les beneficiaba como casta la antidemocrática ley vigente. Y han hecho tantas cosas que en nada importante se han diferenciado de la derecha natural.

El partido debe refundarse o disolverse. Para partido de la derecha ya existen varios. Y sólo con la asunción de los valores plenamente democráticos tiene sentido el PSOE; pero es un contrasentido que  ese partido se llame socialista, o que quiera como mínimo alcanzar el título, si más no, de progresista, y que en él cohabiten personajes de la derecha más rancia, hasta de la España profunda y  de la gran burguesía, cuyos nombres todos conocemos y chirrían en los oídos de muchos que se sienten de izquierdas. 


Han de elegir. Pero mucho nos tememos que nada de eso harán. Ahora, tras la derrota, en el próximo congreso que se avecina, harán promesa de enmienda porque toca la etapa de izquierda porque están en la oposición. Pero mucho cambian las cosas, o se hacen con el partido los socialistas–que los hay sin duda dentro del mismos aunque no manden– desembarazándose de los oportunistas que tiene por oficio llamárselo para rentabilizarlo, o dentro de un largo tiempo, cuando alcancen de nuevo el poder, la historia se repetirá. No se puede hacer una política socialista, progresista sin socialistas en el timón dirigiendo la nave. Menos sin son de derechas u oportunistas. De ser así acabará a la deriva, como ya sucedió tras el desastre González de ayer, para la izquierda, y el desastre Zapatero de hoy.

U. Plaza