domingo, 24 de diciembre de 2017

LA SITUACIÓN DE LA IZQUIERDA EN CATALUÑA, PREVISIBLE.






Por desgracia lo que escribía el 30 de septiembre en La Chispa, http://lachispa3.blogspot.com.es/2017/09/podemos-en-cataluna-hacia-la.html  ante el desvarío o desorientación de Podemos en Cataluña, se va confirmando: en las elecciones catalanas los trabajadores no han votado en clave de clase, sino como defensa ante la agresividad del nacionalismo fascistoide, cada vez más evidente de la derecha catalana. 
Los trabajadores no han tenido opción de votar de otra manera, ningún partido de los que decían representarlos ha tenido un discurso netamente social, sino que, o ha sido la ambigüedad con los reaccionarios del nacionalismo, o han sido cómplices de sus disparates. Tanto es así que Pablo Iglesias hizo de anfitrión del jefe de la derecha, Puigdemont, el golpista, en un acto en Madrid. Lo que demuestra que para el secretario general de Podemos, la derecha nacionalista catalana –la de los recortes y el saqueo sanitario– "es menos derecha" que la otra, cuando son idénticas y defienden los mismos intereses, como se pone de manifiesto en sus votaciones en el Parlamento, cuando de lo que se trata es recortar derechos ciudadanos, principalmente a las clases populares. 

Pero es que además, Iglesias tindó de "presos políticos" a unos detenidos de la derecha, por orden de un juez –no por la Brigada Político Social franquista– y acompañar a sus partidarios de los detenidos ante los tribunales, como parte integrante de los "movilizados", cosa que jamás se les ocurrirá a esos reaccionarios hacer por la detención de un trabajador. Y pudimos asistir al enternecedor llanto de Xavi Domenech en la manifestación convocada por la derecha, en protesta por las detenciones, haciendo caso omiso de que eran los jueces, repitámoslo, los que ordenaron su ingreso en prisión.

Además de que tanto Pablo Iglesias como otros dirigentes de los Comunes, iban anunciando continuamente que deseaban hacer un gobierno con los fascistoides de “Esquerra”, –hay que tener un despiste descomunal, o desconocer el percal, para considerar de izquierdas a "Esquerra" a los que jamás vimos defender ninguna causa de los obreros durante la dictadura–; lo que anunciaba que un voto a los Comunes era un voto para la derecha nacionalista, si cuajaba la alianza. Recordemos el desastre de los gobiernos Tripartitos, en los que los de Esquerra  hacían de su capa un sayo,  sobre todo en la Enseñanza y en el aparatro de propaganda TV3 y Catalunya Radio, en manos de verdaderos alumnos aventajados de Goebbels.
Con estos mimbres pocos cestos democráticos se podían esperar. Y así ha sido. En Cataluña se ha dejado que Podemos languideciera en manos de los que no son otra cosa que nacionalistas y hasta independentistas vergonzantes unos, descarados otros (recordemos que la número 2 de la lista por Barcelona se declaró independentista). Y, era evidente que los independentistas, ya votaban directamente a los de su tribu, y los que no lo eran, por razones obvias tampoco les votarían. Porque las intenciones anunciadas invitaba a no votarles. 
Eso sin profundizar demasiado en la actitud de Ada Colau, que decía no ser independentista, pero ella, como su teniente de Alcalde, iba a todos los akelarres de la derecha independentista, y hasta sucumbiendo a las exigencias, absolutamente absurdas por tratarse de un Ayuntamiento, de romper con el PSC por el 155 para contentar a la derecha talibana golpista, quedando la Corporación municipal a expensar de la derecha convergente, o como se quieran llamar, que por el camino que van envejecen los nombres que se inventan para disimular sus orígenes corruptos.

Podemos, sus dirigentes, de haber estado palpando la realidad, hubieran sido ellos los que debían haber convocado las grandes manifestaciones, que en su inmensa mayoría eran trabajadores, que salieron a la calle, enarbolando las banderas monárquicas contra la gresión del nacionalismo que los excluye, por carecer de otra alternativa. Podemos debía haberlas convocado, con bandertas republicanas de la Tercera Republica, si procedía, o sin banderas. Pero erigiéndose en la fuerza política de "los de abajo", como decían antes, en lugar de irse pareciendo cada vez más a "la Casta".
Esto le ha dado un balón de oxigeno a la monarquía, además de ocasionar la renovación de la derecha, con actores diferentes, como Ciudadanos. No sólo no lo hicieron, no convocaron la protesta, por ser parte del problema y aliados del nacionalismo –lo mismo que el PSC que sólo acudieron cuando vieron el vendaval–, sino que a parte de excluirse, la tildaron de "manipulación fascista". Como decimos los catalanes, haceroslo mirar. Porque todo el llamado Cinturón Rojo catalán –ya bastante descolorido por tantas renuncias– hoy ha votado derecha. Pero no porque se hayan vuelto de derechas ese más de un millón de personas, sino por renunciar a defenderlos los que debían ser los suyos.


Pero lo más grave vendrá a partir de ahora, porque mucho me temo que no rectificaran, –como tampoco rectificará el PSOE, que ganando todas las elecciones generales en Cataluña, jamás el PSC ganó unas catalanas–, cuando lo que procede es dar un giro copernicano a la política de Podemos, alejarse de la peste de la derecha nacionalista y persistir en lo que hizo que Podemos despertara las esperanzas –ahora bastante frustradas– de millones de españoles, trabajadores, su discurso social. Decía en el artículo mencionado que Podemos pagaría caro su apuesta o ambigüedad con el nacionalismo en Cataluña, pero que posiblemente lo pagarían en toda España. 
Quisiera equivocarme. Lo triste es que este viaje ya lo recorrimos los comunistas del PSUC. Mientras duró la dictadura los nacionalistas –los sectores de la burguesía siempre están presentes en todo partido, (la derecha no da puntadas sin hilo) – no se mostraron con todo el descaro –era peligroso y mejor que fueran los obreros a la cárcel, ellos se reservaban para tiempos mejores, como así fue–, hasta que  se vieron con fuerzas para tomar la Dirección del Partido, para liquidarlo. Como así fue. 
Me cuesta creer que tan capacitados politólogos no hayan leído la reciente historia del movimiento obrero, para aprender de ella. Si la izquierda no ha levantado cabeza en Cataluña es, entre otras cosas, porque confunden a sus enemigos de clase. Y lo es la derecha, pero sobre todo, la derecha nacionalista en el actual contexto histórico.  Y esto no es de ahora, ya nuestros clásicos lo advertían: nacionalismo es destrucción, insolidaridad.

Ubaldo Plaza

lunes, 9 de octubre de 2017

UN NUEVO 23-F PARA FELIPE VI, REFORZAMIENTO DE LA REACCIÓN


Ante el absoluto desnorte de la izquierda, que ya viene de lejos por la pérdida de los valores que la definen, el internacionalismo, por su connivencia con el nacionalismo desde hace varias décadas, creíamos que la llamada nueva izquierda (Unidos Podemos), iba a enmendar aquel desastre provocado por su entrega al nacionalismo que la hizo desaparecer como instrumento de cambio. Pero hemos visto que contrariamente a aprender de los errores del pasado la supuesta nueva izquierda incide en ellos y hasta los multiplica, al hacer, como antes lo hiciera  la izquierda liquidada, o autoliquidada podríamos decir, miméticamente con el mismo recorrido, considerando a la derecha nacionalista sus referentes de alguna forma y en algunos casos sus aliados, como hemos podido ver ante el golpe de Estado parlamentario provocado por la derecha corrupta nacionalista catalana. 


Lo han llevado a cabo con un aparato de agitación y propaganda al más puro estilo goebbeliano desde hace décadas, y sobre todo en los últimos cinco años, cuando Artur Mas se desmelenó y apostó por el abismo, que sin embargo, frenó su aventura ante los tribunales, negando que hubiese desobedecido. Por lo que parece, el jefe de la rebelión, de épica, poca. Pues ya puesto a ser mártir, podría haberse inmolado, no ir al tribunal en lugar de convocar aquella charanga de adheridos, subvencionados o enfanatizados,  y negar su reconocimiento al mismo. Pero no lo hizo, como tampoco algunos de sus adictos desearon poner en peligro sus patrimonios. Hasta ahora les ha funcionado la agitación, por la incomprensible incomparecencia del Estado, que les ha permitido afirmar algo tan estúpido como que en 18 meses se iba a crear un nuevo Estado, a pesar de que todo, exceptuando sus delirios, les decía lo contrario.

Con sus medios de comunicación públicos que, aunque los pagamos todos se han apropiado de ellos una minoría sin el menor sonrojo, principalmente la vomitiva TV3 y Catalunya Radio, dedicados por entero a agitar y embrutecer  a las masas, en favor de la locura que han emprendidos las élites de la burguesía política nacionalista, de las tres formaciones que la sustenta, partidos reaccionarios hasta el límite, por más que alguna se ponga el traje de esquerra que nunca ejercieron cuando era necesario en la dictadura, y del otro, de los cachorros de esa misma burguesía, que se repite en Cataluña como en otro tiempo en España y Europa.  Y bien es cierto que el caldo de cultivo se está cociendo desde hace 35 años en las escuelas. Otro hecho que debieran tener en cuenta los nuevos gobernantes, para enmendar el despropósito llevado a cabo por los gobiernos españoles anteriores. 

Además de la mayoría de los medios privados por vía de la subvención con dinero, también público, ¡faltaría!, que siguen las orientaciones, descaradamente algunos, sibilinamente otros; y hasta los medios españoles privados, e incomprensiblemente los estatales (TVE y RNE), le dan cobertura a los talibanes del "prucés", cuando en los del régimen nacionalista difícilmente se cuela un discurso discordante; y cuando lo hace alguno, es indignamente apabullado, está en franca minoría, siendo hasta los presentadores, agitadores militantes contra el solitario discordante, que ha de armarse de paciencia de forma casi heroica. 

La deriva incomprensible de la nueva izquierda para cualquier persona que así se considere, que se haya parado a pensar por un momento en el escenario político,  puede intuir, contrariamente a lo que algunos piensan, que podría tener el efecto contrario al deseado como meta:  expulsar al PP del gobierno, corrupto hasta la médula, paralela a la corrupción del partido de la burguesía catalana, como es sabido.  La que ha llevado a cabo el golpe institucional, de la manera más burda y antidemocrática posible, que recuerda escenarios pasados, rompiendo todos los instrumentos parlamentarios democráticos. 

Llegado al límite al que se ha llegado, ante el desamparo de amplias capas de la población con la que hasta ahora no se ha contado, se ha ignorado y los golpistas hablan de tot un poble unit, dando por hecho de que los que no piensan como ellos no son catalanes, o lo son de segunda. Ese escenario de "la mayoría silenciada", se empezó a romper ayer rompiendo el sielencio al que ha sido sometida la mayoría de la población.

Esta situación, como decimos, puede tener el efecto contrario, porque ante la orfandad de amplias capas de la población que carecen de referente, pueden pensar que ante el abismo al que los han abocado,  como suele pasar en tiempos de inestabilidad, se tornen conservadoras, y que el PP y sus apoyos refuercen sus perspectivas en lugar de mermarlas. 

Y en este escenario, también se podría dar que el nuevo rey haya encontrado en el disparate de la derecha catalana y sus corifeos, un 23-F, que aupó a su padre, cuando la mayoría de los españoles no daban mucho tiempo a la monarquía decidida por el dictador; y que Felipe VI salga reforzado, en lugar de avanzar hacia la Tercera República, como se venía intuyendo hasta hace pocos años. Además, de que todo el andamiaje construido tras el 15-M se derribe por los propios que dicen representarlo con el mismo sinsentido en que lo hizo la antigua izquierda con sus alianzas o "compresión" de facto con la derecha catalana. 

Tampoco hay que olvidar, y parece, según los discursos de los dirigentes de UP, que  los poderosos nunca dan puntadas sin hilo. Y, claro, siguen cosiendo, mientras los partidos de izquierdas descosen, y hasta rajan el componente popular, con sus adhesiones antinatura.

Ubaldo Plaza


sábado, 7 de octubre de 2017

¿NEGOCIAR?



Corren en los dos o tres últimos días informaciones difusas y confusas de que se está negociando para desatascar, dicen, el "problema catalán". 

Las negociaciones siempre sean bien venidas. Hay que negociar  evidentemente para que el inmenso daño hecho por los golpistas de la Generalitat y sus compañeros de viaje, desistan en el empeño en seguir abriendo heridas en una sociedad, la catalana, pero también la española en general, que cada día se siente más indefensa ante los acontecimientos. 

Negociar para que los irresponsables dejen de hablar en nombre de todos los catalanes y que sigamos pagando las facturas de sus aventuras, que siendo mucho nunca será tanto como el daño en división provocado a la sociedad. Debe negociarse que los golpistas instalados en lo imposible, y los jefes lo saben a pesar de que continúan manipulando a cientos de miles de catalanes honestos, vuelvan a recomponer los trozos del desaguisado, devuelvan las competencias  que les usurparon al Parlament, y que a continuación actúen los tribunales para que estos depuren responsabilidades, desde Puigdemont, Junqueras, su gobierno y todos los diputados que colaboraron, con la presidenta al frente, así como los componentes de la Mesa de aquellos miembros de la misma que acompañaron el desafío golpista, algunos que provocan verdadero bochorno por seguir autodenominándose de izquierdas.

Pero, la noticia de los contactos negociadores, huelen a globo sonda para que se acepte que aquí estamos en tablas, y aquí paz y después gloria. Y no es así. Aquí hay muchos responsables –o irresponsables– políticos desde hace décadas, y sobre todo del PP y su presidente en la última etapa, que con toda la información de la que debe gozar un presidente de gobierno dejó que las cosa se pudrieran. Pero los verdaderos responsables del golpe son los que rompiendo las normas democráticas han perpetrado su aventura contra sus propios asesores jurídicos. 

Así que mucho nos tememos que la negociación consista en que, como no han sido capaces de llevarlo a cabo en su plenitud, quedan como están, pero con algunas concesiones más, para quedar mejor situados, para la próxima aventura, que será más pronto que tarde.

Así que los golpistas pueden estar poniendo encima de la mesa para  negociar algunos de los asuntos por los que dieron en acelerón independentista: salvar de los tribunales a toda la pléyade de corruptos de su cuerda, principalmente a la familia Pujol. Familia extensa, más allá de la consanguínea. 

Y también el blindaje de competencias que jamás debieron estar en manos autonómicas, como la enseñanza, caballo de Troya del independentismo desde hace 35 años. 

Si los negociadores aceptan semejante negociación, mirando el cortoplacismo en lugar de mirar al futuro, para quitarse de encima el marrón, y que los gobiernos que vengan después arreen, se habrá hecho un pan como unas tortas, y a no tardar mucho, el efecto demoledor de adoctrinamiento, será imparable. Ver niños de corta edad colocando carteles de los manipuladores, con algunos maestros al frente, debiera hace reflexionar.

También es importante democratizar los medios públicos, como TV3 y Catalunya Radio, militantes a tiempo completo en el despropósito de la manipulación. Y debiera estar encima de la mesa, una vez recompuesta la situación.

Ubaldo Plaza



sábado, 30 de septiembre de 2017

PODEMOS EN CATALUÑA



Cuando Pablo Iglesias, o cualesquiera de otros dirigentes de la dirección de Podemos, vienen a Cataluña, se reúnen con la Cataluña oficial o semioficial. Es decir se reúnen con los nacionalistas, de mayor o menor intensidad; con mayor o menor fanatismo de la cosa, lo que quiere decir que se reúnen con los que respiran los mismos efluvios que la burguesía catalana,y la del “prucés”, creado para tapar sus fechorías en corrupciones y recortes de los servicios públicos, y a los que se han unido los talibanes de ese otro sector de la burguesía, que así misma se  llama “esquerra”– que jamás ejercieron de tal cuando convenía–, marcando la agenda para disculpa de los verdaderos amos del tinglado, junto a esa suerte de neofalangistas que, como aquellos de antaño, también se autodenominan “anticapitalistas”; y, también, como aquellos, a la hora de la verdad apoyan a sus verdaderos aliados: la derecha, eso sí con más bombo y platillo y rompedores –nunca mejor dicho– y “transformadores”, en todo aquello que no afecta a los intereses reales de la gran burguesía, que los crea.

Los dirigentes de Podemos ven una parte de Cataluña, pero ignoran la otra, la más verdadera, la laboriosa, o como mínimo la más marginada, que vive en los barrios obreros, donde las tropelías de esa burguesía ha hecho estragos, paralelamente a los negocios del 3% y Mas, y donde ni los de Junqueras ni los neofalangistas de la Cup, se les ocurre acercarse, aunque algunos de ellos ejerzan de serviles mamporrerros y sean charnegos acomplejados y deseosos de  contentar a los amos.

Y todos los interlocutores con los que los dirigentes de Podemos tienen contacto, les hablan del monotema del carlista pastelero de Vic. Con lo que se van convencidos de que Cataluña es un clamor de independentistas, porque son los que hacen ruido, subvencionados con dinero público, y que a la gente de los barrios les resbala eso de la nació de sus delirios porque tienen problemas más urgentes que contentar a los señoritos de la derecha de los barrios lujosos; con lo que Podemos, y no sólo Podemos, asume lo de nación de naciones y otros disparates decimonónicos propios  hoy de aquelarres etílicos a donde han llevado a gran parte de la población educada en sus escuelas manipuladas, sin que el Estado proteja a la mayoría de la población sometida a las mismas.

Las expectativas que Podemos despertó en los sectores populares ha quedado reducida a la nada en Cataluña, por la abducción por los nacionalistas de lo que debía haber sido un partido de nuevo tipo, alejado de los que han liquidado, también por abducción o por entrega vergonzosa, a la izquierda hace más de tres décadas. 


El apoyo que Podemos ha acabado dando a los disparates de la burguesía y sus grupos de asalto, los retrata y los coloca fuera del ámbito de los sectores populares, víctimas de los que han puesto en marcha la mascarada que vivimos y el golpe de estado parlamentario dado por la derecha corrupta nacionalista, la que saqueó y saquea la Sanidad Pública catalana. Golpe de Estado a cámara lenta, pues se proyecta desde hace más de 35 años, sin que los gobiernos de España se enteren, o miren para otro lado, para tapar también sus corrupciones.

Los representantes de la derecha nacionalista, acusan de "represión" a las fuerzas policiales, bajo orden judicial, que actúan para restablecer la legalidad violada por los políticos de la Generalitat, propio de un relato de García Márquez o Valle-Inclán. 

Y parece que se han olvidado que ellos, los de CDC, antes de que se cambiaran el nombre para seguir camuflando sus corrupciones, porque son las mismas personas, no por que se avergüencen, visto sus comportamientos dictatoriales, de que en el 15-M, el siniestro Felip Puig envió a los Mossos a disolver a los –esos sí que lo eran, pacíficos ciudadanos– en la Plaza de Cataluña. 

A aquella tropelía y despropósito de la derecha convergente, le llamaron "restablecer el orden" cuando no había ningún desorden. A que el Estado –no el gobierno ni PP que muchos interesados confunden– restablezca la ley violada por los representantes de una parte del Estado, lo llaman liquidar derechos democráticos cuando siguen alentando a sus seguidores y nadie les pone coto. El cinismo suele ser patrimonio del nacionalismo, es decir del fascismo, lo pinten como lo pinten.

Podemos debiera enterarse y preocuparse de que las primeras víctimas de sus, de alguna manera aliados, son las clases oprimidas que no participan del camino trazado por los más ricos en este ataque sin precedentes.

Hoy en la práctica Podemos no existe como oferta política para los sectores populares, que no deseen ser sometidos a la imposición de la derecha nacionalista, cuyos comportamientos, de ellos o sus cachorros, son cada vez más represivos, que recuerdan tiempos que creíamos pasados en España, o de la Alemania de preguerra, cuando el silencio obligado de los que no estaban de acuerdo con sus tropelías, les situaba –eso creían– a salvo de ser señalados. 


Podemos, tras su anulación por parte de Fachín, más cercano a los neofalangistas de la CUP que de los sectores populares,  no es más que una caricatura al servicio –voluntaria o involuntariamente– de la causa de los talibanes. Las afinidades de este sujeto con los “cupidos”, así lo confirma. 

Seguramente al estar en ese batiburrillo que representan los Comunes, pasarán desapercibida su insignificancia. Pero no me cabe duda de que la deriva más o menos ambigua de Podemos hacia el nacionalismo, primero, y ya descaradamente a medida que se acercaba el desafío de la derecha nacionalista tirada al monte, le costará muchos votos de obreros de los barrios periféricos de los pueblos del cinturón de Barcelona, que esperaba de ellos un discurso netamente social, para lo que se supone nacieron. No para repetir los errores anteriores, que se olvidaron de que la burguesía, y la burguesía nacionalista aún más, son sus enemigos de clase.


Ver a la alcaldesa de Barcelona –aliada o succionadora de Podemos– la que hace tres cuartos de hora se enfrentaba a sus enemigos de la derecha que recorta derechos, ahora en la misma hoja de ruta que aquellos, con disimulos, no dice nada bueno. Como tampoco lo dice que su primer teniente de alcalde sea más entusiasta del nacionalismo que de lo que decía representar cuando lo manifestaba en las plazas o foros del 15-M.

Pero es que creo que es posible que ante ese discurso de apoyo a la sinrazón de la derecha corrupta del pujolismo, para una formación que se dice de izquierdas (hasta hace poco se decían de los de abajo y los de arriba, pero IU sí se proclama de izquierdas y republicana, de la Tercera República, no la de la Ítaca de los talibanes de esa fantasía inventada por la derecha y sus cachorros), también tendrá sus rémoras a nivel de toda España, a corto o a medio plazo. Porque no es posible que quien aspira a ser presidente del gobierno, tenga un discurso disgregador  y de complacencia con los golpistas de la derecha nacionalista catalana. O una cosa o la otra, ambas son incompatibles.


Ubaldo Plaza

jueves, 7 de septiembre de 2017

¡VEGÜENZA, MUCHA VERGÜENZA¡




Como catalán siento vergüenza del patético espectáculo dado ayer el 6 de septiembre en el Parlament, que pasará a la historia de la ignominia de la delincuencia política. Siento vergüenza ante una derecha catalana, incivilizada, trabucaire y delincuente, que por sus ambiciones de casta –no tuvo el menor reparo en saquear la Sanidad Pública para enriquecer a la privada–, que ya ni disimula su falta de ética. Una derecha, la misma que cuando le convino apoyó el golpe franquista, y se sintió comodísima con la dictadura, porque el dictador le garantizaba la brutal explotación de los trabajadores. La que le rendía pleitesía al caudillo cuando se acercaba a Cataluña,  toda ella perdía el culo para mostrar su adhesión con homenajes y otras parafernalias como hacerlo alcalde honorífico de los ayuntamientos, los mismos que hoy incumplen ostentosamente la ley.

Y siento vergüenza por la pasividad y connivencia con esa burguesía nacionalista –la idea más reaccionaria posible– desde el gobierno español, que alimentaron cediendo a todo lo que estos insaciables depredadores  decían, desde el inefable Gonzáles, Aznar y Zapatero, que en lugar de tener el bien común como meta, de todos los españoles, catalanes incluidos, prefirieron el pasteleo y el cortoplacismo por sus intereses personales o de partido, permitiendo que adoctrinaran durante más de tres décadas a los niños en las escuelas, sin querer enterarse. Hoy los lodos del fanatismo recuerdan aquellos polvos.

Y siento vergüenza de que el gobierno de Rajoy haya dejado que tomaran alas, desde el primer momento que llegó a la presidencia, con aquello de "es una algarabía", que le mostró a los talibanes de la derecha nacionalista que podían hacer lo que quisieran, que él seguiría durmiendo, aceptando el butifarrendum del 9-N, habiendo prometido que aquella ilegalidad nunca se llevaría a cabo; y escudándose permanentemente en los tribunales, cosa que evidentemente hay que hacer, pero actuando con todas las armas políticas y legales del Estado, antes de que el delincuente considere que haga lo que haga no pasa nada, porque los principales protectores de la legalidad dejan hacer. 

Y siento vergüenza ante el espectáculo dado por los que debieran ser los principales enemigos de la desigualdad que provoca esta burguesía, los Comunes, Podem o como se llame ese batiburrillo de independentistas colaboradores con la derecha, gente de buena fe, y arribistas, que en lugar de abandonar el Parlament cuando se iba a cometer la barbaridad que perpetraron, se mantuvieron sentados en sus escaños, validando de alguna manera el golpe fascistoide de la derecha, en lugar de abandonarlo como hicieron los otros grupos para mostrar su repulsa.

Y siento vergüenza de que no haya una izquierda en Cataluña con un discurso nítidamente social, que huya de la justificación de los desvaríos del nacionalismo, cayendo en sus redes, justificándolo, y no se entere de que ese camino ya lo recorrimos con el PSUC  y después con el inventado PSC por la misma burguesía, liquidado el primero por los colaboradores de la derecha en su dirección;  y el segundo, que llegó a ser el mayoritario, hasta que los nacionalistas lo hicieron estallar en pedazos; muchos de los cuales hoy le hacen la ola a la derecha golpista desde los escaños de ésta y desde puertas giratorias. La nómina es apabullante.

Hoy Cataluña ha dejado de ser una tierra segura. Porque desde hace tiempo todo el que no comulga con los planteamientos de los tres partidos de la derecha, CDC –que aunque le hayan cambiado el nombre son los mismos actores–, ERC, los cupidos y sus delirios decimonónicos, es un enemigo, un mal catalán, un facha. Y ya pueden ser los señalados gentes que cuando ellos cantaban el cara al sol, o estaban en colegios caros, esos señalados como "malos patriotes", estaban en la clandestinidad luchando contra la dictadura, eso carece de importancia.

Como dice hoy en El Periódico, Enric Hernández, su director –también en el punto de mira de los talibanes– "Ojalá que el mundo no nos esté mirando". Siento vergüenza de que nos estén mirando. Porque sin duda todos nos miran y deben pensar con asombro: ¿en qué galaxia viven estos catalanes?

Ubaldo

EL PAPELÓN DE PODEMOS EN CATALUÑA



El papelón que ha hecho Podemos ante el golpe de Estado de la burguesía catalana en el Parlament, es de vergüenza. Hasta los cupidos le han echado rosas al impresentable Fachin, porque su intervención podría llegar de las filas de los golpistas perfectamente sin que se notaran diferencia alguna. 

Lo que se presentaba como esperanza para las clases populares, resulta que queda para apoyar los delirios de la derecha corrupta de CDC y sus aliados. Por este camino no es que no se espera el necesitado Sorpaso que regenere la vida política española, es que Podemos será irrelevante, si ante acontecimientos tan graves como los sucedidos hoy en el Parlament, como anular a la oposición y por lo tanto la democracia parlamentaria, anular a la oposición como ha hecho caciquilmente Forcadell y sus jefes, poniéndose de perfil, cuando no ponerse al lado de los golpistas como ha hecho Fachin  y abstenerse ante el golpe de Estado de la derecha, no es de recibo en un partido que nació para las cuestiones sociales tan sangrantes que nos aquejan.  Una vez más el nacionalismo contra el proletariado, que diría Marx.

Sí, la derecha, que no izquierda (¿Alguien ha visto alguna vez a los de ERC junto a los trabajadores en un conflicto laboral defendiendo a los trabajadores? ¿Y  los señoritos neofalangistas de la CUP?). No se olvide que el mayor número de votos de estos señoritos que temporalmente juegan con  nuestro futuro, el de los catalanes principalmente, los obtuvieron en los barrios más ricos de Barcelona. No entre los trabajadores, que ni están ni se les espera. O sea, son la derecha con un discurso reventón y anticapitalista de boquilla. Por algo será que sólo tienen en su mente la idea reaccionaria que gusta a la burguesía depredadora, la del saqueo sanitario.

Como es incomprensible que antela manipulación en la manifestación de duelo a los asesinados por el terrorismo, se digan que aquella propaganda muy bien orquestada, era "libertad de expresión". Mucha gente tenemos muchas cosas que decir contra Rajoy y la monarquía, pero  no era precisamente el momento. Y ante eso no se puede ser contemporizador con estos señoritos, que sirven a sus amos de la derecha. 

Podemos debe rectificar y mostrar una actitud firme, no retórica, cuando conviene, y en este caso era imprescindible, mostrarse firmes ante las amenazas de los golpistas. De no hacerlo, y me temo que no lo harán, oídos los discursos de sus dirigentes. Lo dicho, serán poco a poco irrelevantes. Porque nunca como ahora era necesario que el secretario general de Podemos se mostrara como hombre de Estado. Ahora, que no quepa duda, muchos votos volverán con resignación a los socialistas y hasta a Ciudadanos. 

El cuadro de ver cómo Sánchez y Rivera se reúnen  con Rajoy, ante el desafío contra  los catalanes, que esa es la realidad,  de sus burguesía corrupta, y la ausencia en la reunión del tercer partido de España, es patético.

Ubaldo

viernes, 1 de septiembre de 2017

POLICÍAS, NO PORTAVOCES DEL "GOVERN"


En la primera rueda de prensa tras el atentado de Barcelona me sorprendió que fuera el jefe de los Mossos d´Esquadra el que tomara la iniciativa para explicar los sucesos del terrible atentado terrorista en las Ramblas, en lugar del Conseller.  Me sorprendió, pero lo atribuí a la premura de querer dar información inmediata, en tiempo casi real, que tranquilizara a la población. 

También se podría comprender que el jefe de los Mossos tomara la palabra, visto el poco desarrollo verbal del Conseller y su incapacidad para transmitir un mínimo de claridad y confianza, cuando dijo que sólo había un muerto y todos los medios ya habían publicado desde hacía horas la terrible noticia de que se elevaban a 13.

Pero lo que no entendí es que en las sucesivas ruedas de prensa siguiera siendo el jefe de los Mossos el que reiteradamente siguiera informando, tarea que como todo el mundo sabe corresponde al jefe político, no al policía, que debe estar al margen de los manejos no siempre limpios, y debe ser el político quien asuma toda la responsabilidad de los fallos; y también de los aciertos, independientemente de que toda la ciudadanía sepa que han sido los policías los que han hecho posible evitar un atentado, o minimizar sus causas.

Pero lo que nunca, a mi entender debe asumir la policía es la responsabilidad de “quemarse”, alterar su prestigio –el suyo y el del resto del Cuerpo– convirtiéndose en portavoz del gobierno que los manda. Esa no es su tarea. Porque entonces no hablamos de un policía, sino de un portavoz del gobierno, de un político. Y no se olvide, que el político se va, cambia, y el policía queda, porque es un funcionario público.

La rueda de prensa para desmentir lo publicado por un periódico, era un acto político que debía asumir el Conseller, no el policía, y menos encararse con el director de  la publicación; que, además,  al final no desmintió nada, sino que lo confirmó, aunque dijera que no era de la CIA la fuente, lo que también parece que hoy confirma el mismo periódico y otros muchos medios. A estas horas el Conseller de Interior ya debiera haber dimitiodo o cesado, pero ya sabemos que eso no pasa por la cabeza de los políticos, españoles, ni tampoco de los que dicen no serlo, pero en eso son tan iguales, como en tantas cuestiones.

Como muy bien dijo un cargo de la policía, “lo importante no es de donde viene el aviso,  la fuente,  sino que hay que investigar su veracidad”.

Creo que el señor Trapero ha caído en la trampa de seguir la ruta que le marcan los políticos, concretamente el Conseller d´Interior, el mismo que, aprovechando que el Llobregat no pasa por Alcanar, utilizó sus delirios talibanos independentistas para hacer campaña, en algo tan sensible como un atentado criminal, distinguiendo entre víctimas española y catalanas.

Los fallos que han habido, seguramente no hubieran impedido el atentado, no lo sabemos. Pero una vez sucedido y no cuestionado el trabajo de los Mossos, lo que cabía era decir la verdad de inmediato, reconocerlo y que sirviera para próximas actuaciones. Nadie en su sano juicio hubiera culpado a los Mossos de malas prácticas, porque la seguridad total no existe.

Pero al dejarse arrastrar –voluntariamente o no– al terreno de los políticos de la Generalitat,  inmersos en el delirio independentista, se ha hecho un flaco favor al  Cuerpo de los Mossos, a la ciudadanía, y de las fuerzas policiales en general.

No entro en el error cometido tras la explosión de Alcanar y la advertencia de la jueza, de que aquello parecía algo más que un mero accidente doméstico o manipulación de drogas. Aunque de haberlo tenido en cuenta en lugar de decir como se dijo en una comparecencia, que lo de Alcanar no tenía nada que ver con el atentado de Las Ramblas, quizá las cosas no hubieran sido tan graves. Pero eso es una incógnita.

Pero lo que debiera inquietar, pasado lo de la Rueda de prensa para desmentir a un medio, es que un jefe de policía no debe erigirse en portavoz del gobierno.  Y el grueso de los Mossos, que son los que se han de enfrentar al terrorismo, no debieran estar muy contentos con semejantes practicas.