martes, 4 de agosto de 2020

LA MONARQUÍAS ESPAÑOLA Y LAS EUROPEAS, TRAS LA HUIDA



Tras la huida pactada del antiguo jefe del Estado, tras los numerosos escándalos que se vienen publicando en los últimos meses, hay una oleada de propagandistas de la monarquía, defendiendo lo indefendible. En realidad, más haciendo piña para salvar la monarquía que para defender al huido de difícil defensa pública. 
Ahora se han puesto como prioridad los servidores  o paniaguados monárquicos, que de todo hay, para defender, la "modernidad" de la monarquía. 

Un profesor universitario en un programa de televisión, ha dicho que "las monarquías eran residuales en Europa". Una de la tertulianas lo ha negado efusivamente; y otro ante la disparidad de criterios de los componentes del gobierno de coalición, en este tema, suelta "que en toda Europa hay diversos gobiernos de coalición y ninguno de ellos cuestiona la monarquía". Y es cierto. Pero hay diferencias.

Lo que se les olvida a estos defensores de la monarquía española, es que en Europa, sus reyes, sus monarquías, en general,  se pusieron al lado de sus gobiernos democráticos y de sus pueblos cuando fueron atacados e invadidos por el nazismo.

Mientras, en España, la monarquía fue restaurada por un dictador,  ayudado por los nazis para esclavizar a su pueblo. A consecuencia de un criminal golpe de estado contra la democracia, una cruenta guerra, una dictadura criminal de casi cuarenta años, y cientos de miles de exiliados. Además de que la oposición  aceptó la monarquía a la trágala, por la exhibición de ruido de sables, como todos sabemos.

Es una diferencia sustancial que ningún gobierno desde la Segunda Restauración –todos de derecha, por más que alguno usurpara el nombre de "socialista"–, y la recuperación de las libertades políticas nunca quiso modificar por la única vía posible: preguntándole a los españoles lo que no se quiso preguntar en la transición por temor a una respuesta indeseada por los poderes franquistas, económicos y eclesiásticos, un referéndum que decida qué tipo de Estado deseamos. 

Todo lo que se está haciendo, siempre con retraso, a destiempo, para salvar la monarquía, no son más que parches que de inmediato envejecen. La  manera de salvar la monarquía si es que el pueblo español optara por ella,  sólo se puede zanjar con el referéndum. Sólo así, tras el mismo, se podrá decir que la monarquía española –repito, si el pueblo lo refrendara, habría dejado de ser heredera del dictador y comparable a las monarquías constitucionales europeas. Mientras los poderes que la impusieron en España sigan empecinados en negarlo, nunca será saldada esa cuenta. Siempre la monarquía estará viciada de origen. 

Hoy más que nunca es necesario un cambio constitucional, de profundo calado, que modernice también la Jefatura del Estado. Repito, todo lo demás no serán más que parches. Se podrá repetir que "el actual rey es una persona moderna y comprometido con la democracia". Letanía persistente, como durante tantos años lo hicieron con el padre, obviando siempre sus pecadillos. Los que hizo porque los presidentes del gobierno, lo toleraron, impunemente.

Sin el consentimiento general, hurtándole la decisión a los ciudadanos españoles, sin un debate amplio y sin cortapisas, la reivindicación del referéndum para decidir sobre República o monarquía,  surgirá una y otra vez. Sólo el temor a que los españoles decidan contra los deseos de los poderes dominantes, hace que se retrase lo que es inaplazable.

Ubaldo


domingo, 26 de julio de 2020

HA MUESTO PACO FRUTOS

Ha muerto Paco Frutos a los 80 años. Un luchador, primero contra el fascismo, y siempre junto a la clase obrera. Paco fue uno de los pocos dirigentes que rectificó muy pronto y supo quiénes eran sus enemigos de clase.  Estuvo hasta el último momento al pie del cañón, hasta que el cáncer  se lo ha llevado por delante. Mientras, muchos de los dirigentes agacharon la cerviz ante la derecha naZionalista, golpista, Paco supo quiénes eran los enemigos de la democracia, sobre todo de los trabajadores.


Tiempo habrá pare recordar al luchador obrero. Los obreros que lo conocieron, los camaradas que supieron de él  en sus últimos años sabemos de tu lucha, aunque hoy haya quien te niegue, o que hipócritamente  alabe tu historia de lucha, al tiempo que hacen lo contrario. 

Siempre recordaré tu austeridad y tu cercanía con todo el mundo.  


Ubaldo


EL CATEDRÁTICO DE ARAVACA


Pablo Casado, conocido como "el catedrático de Aravaca", porque obtuvo un master, según se dijo, un sábado por la mañana en un charla, que vendió a quien se lo quiso comprar como de haberlo hecho en Harvard, ha perdido la posible coherencia que tuviera, si es que tuvo alguna. 

El jefe del partido más corrupto de Europa, según sentencia judicial, junto a la mediocre e infumable presidenta de Madrid, alentaron a los señoritos del Barrio de Salamanca, a que salieran a la calle contra el confinamiento, con sus deportivos y caros coches y chóferes; con sus criadas y chachas, para que gritaran ¡libertad!, porque el gobierno había decretado el Estado de Alarma para combatir la pandemia; acusándolo de dictadura y otras lindezas. 

Pues bien, ante el cariz que toma la pandemia tras el levantamiento del Estado de Alarma, por la presiones de la gran patronal y los tres partidos de la derecha, la ultraderecha y los que se pasan de cuadro reaccionario y son puramente franquistas –los señoritos de la neofalangista CUP incluidos–, el que tiene un discurso en el parlamento agresivo, el que pide a sus homólogos de Europa que castiguen a España, a ver si así consiguen hacer caer el gobierno, ahora exige, con la mala baba que le caracteriza, sin duda herencia de su jefe el belicista Aznar y monaguillo de criminal Bush, que el gobierno tome las riendas del problema. ¿Pide Casado otro Estado de Alarma, que a renglón seguido criticará, a ver si así consigue acabar con el gobierno y tras eso otro septenio negro y de expansión de la corrupción?

La caradura del catedrático no tiene límites ni memoria. Para este filibustero de la derecha, todo vale. Sea maniobrar para que la derecha europea castigue a España, sea exigir que se haga lo que él y sus señoritos parásitos del barrio de Salamanca exigieron acabar al grito de "libertad, gobierno socialcomunista, chavista" y tantas otras  vomitadas más.  

Lo de siempre, en España nunca, pero nuca, ha habido una derecha democrática, europea, que condene a la ultraderecha en lugar de aliarse con ella. Sólo lo parece cuando mandan –no gobiernan– ellos, con las consecuencia para las clases populares que todos conocemos.

Ubaldo

domingo, 19 de julio de 2020

MUERE EL GRAN JUAN MARSÉ


En el cementerio de París
TV3, la tv pública catalana, pagada por todos, pero al servicio de una parte de los "notables" catalanes. TV por la que permanentemente se pasea el espíritu de Goebbels, le niega a uno de los más grandes escritores catalanes, Juan Marsé, fallecido hoy, la condición de "escritor catalán". La miseria moral, fascistoide, de la derecha corrupta catalana, franquista en su día, canalla como siempre. Le negaron La Cruz de San Jordi, al parecer reservada para adictos del régimen, del pesebre.
Marsé, en sus novelas denunciaba aquella Burguesía corrupta, colaboracionista con la Dictadura. Y denunciaba la hipocresía de una gente que montaba saraos, privados o públicos, en una Barcelona hambrienta. De hecho, muchos de aquellos escritores, que años después se lamentaban de que "el catalán estaba recluido", tras traicionar a la República, tras pasarse a la banda de los golpistas, entraron en Barcelona arropados por el Ejército de Franco. Un Franco al que ayudaron ellos a traer. Eso es un pecadillo que siempre tratan de soslayar. Luego se lamentaban en petit comité. Que tampoco es que se arriesgaran a que la dictadura los considera desafectos. Su anticomunismo los protegía cuando eran los comunistas los únicos que se arriesgaban a luchar contra Franco, llenaban las cárceles en aquellos años del terror catolicofranquista, y el paredón era una posibilidad cierta. Protestaban, pero por lo bajini, en sus aquelarres en sus chalets, protegidos por el millonario bien visto por la dictadura, Felix Milllet, padre del saqueador del Palau. que como se ve, de raza le viene al galgo.
Y Marsé estuvo en contra de la barbarie divisoria del negoci del procés, que tanto daño ha hecho a los catalanes, principalmente a las clases populares. Aventura emprendida por la derecha catalana para tapar las corrupciones de los dirigentes de la Generalitat, de todos los que participaban en el tinglado montado por el banquero Pujol y sus corifeos. No se lo perdonarían. Mientras, subvencionaban a algunos personajillos que nadie leía, y cuyos libros pasaban muchas veces de la imprenta a la trituradora, directamente.
Hubiera bastado que Marsé aceptara el pesebre, para que, al margen de su valía como escritor, lo elevaran al Olimpo del nacionalismo. Entonces, escribir en castellano hubiera sido un valor añadido. Un enemigo se habría pasado a sus trincheras. En explotar situaciones similares, son maestros. Hay un ramillete de serviles charnegos acomplejados que lo han hecho. Y, principios morales a parte, no les ha ido mal. Marsé no lo hizo, y eso tenía su precio. Y hasta muerto lo consideran su enemigo estos miserables fascistoides y expertos del saqueo y recortes sociales, sanitarios principalmente, que naturalmente sólo afectan a las clases populares.
Ubaldo



sábado, 18 de julio de 2020

EL REY NO ESTABA SOLO



Vienen apareciendo en la prensa  noticias sobre los devaneos del que fuera jefe del Estado: Grandes fortunas evadidas, presuntamente. Todo con más o menos detalles, era conocido. Todos sabíamos lo de  "El campechano". Y todos sabíamos cada día los entresijos del Jefe del Estado, aunque fuera por Radio Macuto. 

La prensa callaba, protegía con un pacto tácito de silencio los asuntos que afectaran al rey y la monarquía. Contó con la propaganda y el beneplácito de toda la prensa lacayuna durante décadas. "El arco parlamentario" soslayó el tema.   Aunque revistas extranjeras, de las que llaman "del corazón", aunque yo las llamo con otro nombre menos romántico, lo publicaban. A los españoles nos llegaban los ecos, sin más.

Los pecadillos del monarca, no  podían salir a la palestra. Sólo los elogios orquestados. (Aun recuerdo aquella servil entrevista de Jesús Hermida, que sonrojaba a cualquiera). Si alguna cosa salía lo hacía con sordina. Lo referente a sus desenfrenados amoríos.   Cosa que a la mayoría de la gente le daba igual, si no fuera que esas diversiones borbónicas las pagábamos entre todos. 

Si tenemos en cuenta de que uno de los argumentos de los defensores de la monarquía es "la defensa de la familia tradicional y cristiana como pilar fundamental del la sociedad", etc,. no parece  que el ex jefe del Estado, ni en esto haya sido, ni por asomo, un ejemplo. 

Los pocos flecos que se le escapaban al monarca de los hilachos  aparecidos en algún medio,  de los muchos ovillos manejados por el jefe de Estado, generalmente extranjeros, era compensado con la permanente matraca de los propagandistas de lavado de imagen, de su trayectoria democrática,  tras la muerte del dictador etc, etc,.

Siempre el monarca estuvo protegido.  Tanto fue así, al parecer, al temor que debieron tener los legisladores que armaron la Constitución, que  blindaron al rey. No como habría sido natural, en el ejercicio del cargo. No. Lo blindaron en TODO. 

Teóricamente el rey, como si de un rey absolutista se tratara, podía hacer lo que quisiera; que no tendría problemas ante la Ley. Lo que al sentido común, en una democracia, se le antoja a cualquier persona, un disparate. 

Pensamos que le hicieron a Juan Carlos, al país y a la democracia aún sin echar a rodar, un flaco favor. De haber tenido sujeción jurídica, seguramente el rey habría sabido que había cosas que no se podían hacer, como cualquier ciudadano sujeto a la ley sabe. Así que para él, asimilada que era intocable, cualquier cosa, fuera la que fuera, la podía hacer. Y parece que se le fue la mano. ¡Y de qué manera!

Pero como dice el dicho, "se puede engañar a unos pocos todo el tiempo, a muchos algún tiempo; pero no se puede engañar a todos todo el tiempo". 

Y las cosas, por su propia dinámica de la Historia, cambian. El antiguo Jefe de Estado, asumió que no podía haber control legal sobre él y que nadie le podía pedir cuentas. 

Y empezaron a aparecer para el gran público noticias "inquietantes" (Pedro Sánchez). Porque no se trataba de cualquier cosa, sino de cifras millonarias. Ya hace tiempo el New York Times publicó que el rey tenía cuentas en el extranjero cantidades exorbitantes, que no podía haber acumulado con lo que le pagaba el Estado, como primer funcionario. 

Y en una situación rocambolesca, safaris mediante, en plena crisis de la Gran Estafa Financiera, el rey quedó desnudo. Y ya no hubo más remedio que decírselo a los españoles por parte de la prensa. Se abrió el Ánfora de Pandora. Sobre todo  porque un juez suizo lo tiene enfilando y quiere saberlo todo. Es lo que hace que las cosas se le compliquen a Juan Carlos. De no ser así, tengo mis dudas de que avanzara la causa. Tampoco lo tengo claro que lo hagan a pesar del suizo.

Pero Vale. Todo esto, repito, con más o menos bombo o detalle, lo sabíamos todos los españoles, porque sus aventuras no vienen de ayer. 

Pero la pregunta que se suscita es:

¿Mientras Juan Carlos se enriquecía,  (presuntamente), qué hacía para evitarlo y poner  coto a sus desvaríos financieros, los primeros ministro? Un tal González estuvo casi catorce años de mandato. Casi cuatro legislaturas. Y en tanto tiempo Gonzáles, ¿no se enteró de nada,  el hombre inventado por la derecha para que el franquismo mantuviera sus privilegios? ¡Miraba para otro lado? ¿Por qué?  

Estos días González ha vuelto a salir por segunda vez a los medios para exculpar a Juan Carlos; la primera fue cuando se supo judicialmente que Pujol era un estafador. Porque como en el caso que nos ocupa hoy, también lo de Pujol era vox populi.  También fue tabú en los medios del pesebre. 

No sabemos si está exculpación de ambos mandatarios se debe a su fe de defender a poderosos, o por no enterase, o exculpase a sí mismo. 

¿Y Aznar, qué hacía Aznar? Estuvo ocho años de presidente del gobierno. Tuvo tiempo ´Enmerdar–nos en una guerra de expolio, de la que no ha perdido perdón, lo que sí han hecho sus colegas de la vergüenza  de Las Azores.
    


¿Tampoco se enteró de lo que era vox populi, para corregir el desmelene del Jefe del estado?  ¿Tan ocupado estaba en aprender inglés con horroroso acento texano haciendo de muleta al belicista emperador yanqui?

¿Y Zapatero? El que con su entrega a los grandes intereses de los mercaderes de Europa, cambió la Constitución con nocturnidad y alevosía, con la ayuda de la derecha salvaje y corrupta, para liquidar el Art. 135. El que le puso la alfombra para que que un tal Rajoy hiciera el mayor ataque social  contra las clases populares, ayudando a los poderosos, convirtiendo en esclavos a millones de trabajadores, y enriqueciendo aún más a los multimillonarios? 

¿Qué hizo Rajoy para alertar al Jefe del Estado de que lo que estaba haciendo podría ir contra los intereses de España, e incluso de la propia Institución monárquica? 

Como sus predecesores como presidentes, ¿no se dio cuenta de nada?  ¿Tanto obnubila desde el Olimpo del cargo de presidente, que se vuelven ciegos, y no ven ni oyen lo que todos los  mortales veían?  Cuando el New York Times publicó lo que algunos profesionales de dar jabón al poder, tildaron de "calumnia". ¿No se le despertó el interés para averiguar, si efectivamente era cierto o una calumnia lo publicado; para acto seguido exigir rectificación al periódico Norteamericano y, si más no, dejar limpio el comportamiento de Jefe del Estado.

 Parece que ni se preocupó. ¿Estaría Rajoy en su atareada faena de dar ánimo a su tesorero de la Gürter, animándole?  "Luis aguanta?  Que ya  es un clásico. 

¿O tal vez Rajoy estaba repasando las obras completas de EL MARCA,  atento a las vueltas ciclistas,  a las que tan aficionado es? 

El resultado es que ninguno de los presidentes se enteraron de nada de lo que durante décadas sucedía, presuntamente.

Es de suponer que en un posible juicio algo tendrían que decirle al Tribunal, ¿No?

Ubaldo  





jueves, 16 de julio de 2020

EL HOMENAJE DE ESTADO A LAS VÍCTIMAS DEL CORONAVIRUS


Todos los homenajes de Estado, por su propia naturaleza están cargados de solemnidad. El de hoy no podía ser de otra manera. Y así debe ser, supongo. 

Pero bajo esa capa de personajes aparentemente compungidos, en ese mismo acto había actores políticos que eran los responsables directos de haber llevado a la sociedad a una situación límite en la que se encontró. Sus nombres son conocidos de todos.

Algunos de esos actores o sus compañeros políticos se afanaron de forma mercantil y irresponsable a recortar lo que de verdad hace que una sociedad sea democrática: se dedicaron a los negocios privados, de ellos o sus amigos en lugar de mimar lo público en aquello que es fundamental.

Recortaron en Ciencia  –Rajoy  en su Septenio Negro de contrarreformas laborales y leyes Mordaza, recortó el fundamental sostén de una sociedad un 30% de Ciencia e Investigación ya de por sí flacas. Paralelamente subía considerablemente las ayudad a la enseñanza concertada, mayoritariamente religiosa, rebajando los presupuestos a la Pública. Considerada ésta por algunos responsables políticos, más como una carga, que la base de nuestro desarrollo. 
Una sociedad moderna, si en algo no puede hacer recortes ante una crisis o una Gran Estafa como la pasada, es en Ciencia, Sanidad y Cultura. Pero muchos actores prefirieron primar el negocio privado o de amigos, privatizando los sectores fundamentales de una sociedad democrática y moderna. A eso lo llaman "liberalismo", la gente lo llama gangsterismo.


Pensemos en el gobierno del Septenio Negro de Rajoy. Pero también en el de Esperanza Aguirre o sus sucesores, cuyo meta era liquidar la Sanidad Pública en La Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento,  privatizando servicios cuando no hospitales enteros; degradando la Sanidad Pública y la vida de los propios sanitarios, rebajando sueldos, a la vez que  los gerifaltes políticos y sus amigos de la Comunidad madrileña, con empresarios corruptos presentes, hacían su agosto, como ha demostrado la Justicia.  Además de que los responsables políticos de esa comunidad la convirtieron en un nido de corrupción absoluta, creyéndose  impunes. Y de hecho, en muchos casos se fueron de rositas.

Pensemos en el Gobierno catalán del aventurero Artur Mas, que fue el primero que asestó un hachazo a los servicios públicos, colocando al frente del expolio sanitario público al siniestro Boi Ruiz, componente de la sanidad privada, que llegó a decir, sin el menor rubor,  que "la sanidad era cosa de cada uno", no un problema público. Para este personaje de triste memoria, era un negocio suculento. ¡Nunca sabremos cuántos catalanes murieron por sus decisiones!

La misión de este sujeto, letal para la vida de millones de ciudadanos que, como sus jefes, no han respondido ante la Justicia por semejantes atrocidades, era ir liquidando, de forma descarada a veces, sutil otras, un sistema Público, que aunque necesitado de más apoyo, era de alta calidad, sobre todo por la entrega de sus trabajadores: médicos, enfermeras, personal auxiliar, y todo el complejo sistema que requiere una red sanitaria moderna. Fueron expulsados de la Sanidad Pública, primando la privada, con el dinero de todos. –Todo esto pasaba, mientras otros notables "de los 400 que siempre somos los mismos– (Millet) saqueaba el Palau de la Música–.

También hay que recordar, que una vez "apartado" Mas de la Presidencia de la Generalitat, su lugar, lo ocupó un mediocre y aventurero llamado Puigdemont, con Junqueras como vicepresidente. 

Los recortes continuaron. La oposición trató de que el destructor de la Sanidad Pública fuera repudiado por el Parlamet. Pues bien, el partido del beato Junqueras– a estas alturas no sabemos si ya ha sido canonizado– que era, repitámoslo, vicepresidente del gobierno catalán, que tiene el cinismo de llamarse "Esquerra", lo impidió. Y el destructor de la Sanidad Pública continuó, con más prisa, si cabía, en su tarea de demolición.

No basta con ir a un homenaje de Estado, aunque eso sea necesario. Hay que revertir todo el daño que le han hecho a los españoles las decisiones letales de mercaderes, muchos presentes en el homenaje, en lugar de ser lo que se  esperaba de ellos: que protegieran a los ciudadanos.  

Es necesario que los sanitarios sean recompensados en su justo término, y no asistamos a la vergüenza de ver cómo, aún después de su entrega absoluta a salvar vidas, a su profesión, con miles de infectados y muchos muertos entre ellos, tengan que salir a la calle a reivindicar unas mejoras perdidas, olvidadas durante años. Muchos, repito, de esos responsables, también estaban, sin que se les cayera la cara de Vergüenza, en el homenaje de Estado.

Las reivindicaciones de los sanitarios, como las de otras ramas ignoradas, no son de esos colectivos. Son las de todos. O somos los ciudadanos con nuestro apoyo los que obliguemos a los poderes públicos a mejorar de forma definitiva los servicios públicos fundamentales, o dentro de un tiempo,   no mucho, los mercaderes del negocio privado, con dinero público, volverán a las andadas. 

Es más necesario que nunca que los ciudadanos, piensen lo que piensen políticamente, se comprometan en la defensa de lo público. Porque no se olvide, todas las palabras de aparente buena voluntad en el homenaje y otros foros, quedarán sepultadas en el olvido del interés privado. También el ciudadano debe saber que su voto es decisivo. No es lo mismo que su voto vaya a los que ya llevan en su ADN las privatizaciones, que los que desean que los servicios públicos sigan siendo de todos.

Ubaldo













martes, 14 de julio de 2020

PODEMOS, PUDIMOS, RENUNCIAMOS



Cualquier empresa en la vida, sea lo que sea, requiere en primer lugar saber lo que se quiere; con qué mimbres se cuenta, con qué aliados debe llevarlo a cabo, si procede, y qué quiere hacer a corto, medio o largo plazo. Mucho más si de lo que se trata es de un partido político. 

Podemos levantó muchas expectativas tras la orfandad  en la que millones de personas de las clases trabajadoras estaban por las nefastas políticas de Zapatero, que le puso la alfombra para el acceso al gobierno al jefe del partido más corrupto de Europa, con un  personaje nefasto a servicio del gansterismo financiero; al tiempo que convertía de un plumazo a millones de trabajadores en meros esclavos sin los derechos conquistados durante decenios; y para completarlo hizo una ley mordaza  a la que no le hubiera hecho ascos el dictador.

Pude asistir a algunos actos de Podemos en Barcelona y en algún otro lugar de Cataluña en aquellos primeros meses de su nacimiento. El aforo se ponía a reventar, con más gente fuera que dentro del local. Aquello era apoteósico.  Parecía increíble. Por primera vez en muchos años había perspectivas para hacer frente a los desmanes de la derecha más agresiva, tras la muerte del dictador, en recortes sociales, y más corrupta que nunca. 

La derecha catalana, con Artur Mas al frente,  hermanada a la hora de saquear los derechos sociales junto al PP, saqueó la Sanidad Pública.  Y un partido socialista inventado en Suresnes con el apoyo de la derecha, había anulado con un falso socialista como González, la garra de lucha de los ciudadanos, en los últimos años de Franco y en la llamada transición/transación.

Aquello prometía. Aquel Podemos parecía que iba en la buena vía de los deseos de millones de personas de las clases populares, que habían participado en el 15–M; que veían a Podemos como la culminación de aquellas asambleas en las calles, tras los criminales recortes.

Pero Podemos falló en el principal de los pilares de todo partido: LA ORGANIZACIÓN y el trabajo para su implantación territorial. Se olvidaron, no sé si de forma expresa y malévola por algunos de sus dirigentes, creyendo que con los medios informáticos era suficiente. 

Y sí, las redes sociales, Internet, había que aprovecharlas para que miles de personas que simpatizaran con Podemos pudiera tener acceso a las propuestas del partido. Pero las redes no son suficiente; de hecho es inoperante como hemos podido comprobar, sin una organización sólida. Un partido político necesita presencia de sus componentes, de sus adheridos o como quisieran llamarlos; su compromiso con el proyecto y difusión del mismo en los barrios, o allí donde estén, son insustituibles. Para que el proyecto  avance con la discusión de todos los que participaran, enriqueciendo el debate con su aportación, y sobre todo, democratizándolo en las decisiones, alejando así a los dirigentes de la tentación de decisiones cesaristas ajenas a los intereses de las clases populares.

Creímos que los Círculos iba a ser el espacio para esa participación, que hubiera dado cuerpo a la organización. No fue así; en vez de potenciar los Círculos fueron languideciendo en aquellos lugares donde se habían iniciado. Incluso consolidado fuertemente en algunas zonas populosas; en la mayoría de lugares, sin embargo, ni siquiera nacieron o fueron efímeros por falta de apoyo de las direcciones del partido en las diversas "taifas"; intuyo que por el deseo de algunos de los ya supuestos aliados nacionalistas  locales de Podemos, a los que no interesaría que Podemos creciera como partido de izquierdas. Tendrían en su mente más los delirios reaccionarios del nacionalismo,  que de una izquierda útil a las clases populares. Un partido sin una organización implantada  en todo el territorio, clara y robusta no es nada. Incomprensiblemente se renunció a ello.

Ante la falta de organización, de participación de los militantes de forma directa y no virtual, Podemos cayó en la trampa de diluirse en otras organizaciones, muchas de ellas meros fantasmas, trepas y aventureros, en lugar de mantener las señas de identidad que habían logrado despertar ilusiones. Podemos debía ser Podemos en todas partes. No cambiar de nombre en cada lugar, porque así lo consideraban los aliados nacionalistas "taifales" para que, en lugar de ser lo que se suponía que era para todos, una organización igual en todas partes, fuera más una instrumento de la secta nacionalista de cada lugar, que lograron que fueran otras marcas, otros símbolos, los que predominaran, alejando así de Podemos a muchos ciudadanos que no comulgaban con el nacionalismo. Hasta Pablo Iglesias llegó a afirmar que cuando iba a algún lugar a dar una charla, tenía que preguntar: "¿cómo no llamamos aquí?". ¡De pena! Pero no se corrigió.

Además, Podemos cometió el error de aliarse con los nacionalistas, hasta el punto de comprar  los discurso reaccionarios, del nacionalismo y del independentismo. Cualquier persona de izquierda sabe que el nacionalismo, es enemigo natural de las clases populares, de la izquierda: son la burguesía. Porque, como siempre es una cuestión de clases. A tal punto se llegó, que se ponían a la decisión de los jueces para que una presunta corrupta de la derecha nacionalista, fuera llevada a los tribunales para investigarla. 

   Porque el nacionalismo por su condición de clase de la derecha, nunca estará al lado de los trabajadores, aunque en ocasiones así lo proclamen. Es falso.  Y es un error que Podemos considere de izquierdas a partidos de la burguesía, algunos con verdaderos tintes fascistoides por su trayectoria y su praxis cotidiana. Considerar de izquierdas a los señoritos de la CUP, revolucionarios a caballo entre la casa de papá del L´Empordà, el apoyo a un gobierno de la derecha  (el de los recortes y la corrupción, del Palau, etc.) que intenta tapar sus corrupciones con una huida hacia adelante;  la quema de contenedores y cortes de la vía pública; con cruces amarillas que emulan las  gamadas de triste memoria, es de una miopía absoluta. 

Es un error de bulto y desconocimiento, que Podemos considere a ERC una formación de  izquierdas, por más que el Pijoaparte de Rufián así lo crea en su ignorancia de manual, que no se entera de que él nunca será ario, siempre será considerado un "botifler" por "los buenos catalanes." Por más que se empeñe, como otros, en ser un charnego agradecido, acomplejado, como tantos que conocimos en nuestra militancia, cuando la dictadura estaba en su final.

Podemos pudo haber creado una organización potente; pero se alió con los que en definitiva aspiran más a acabar con la unidad que ayudar a ella. Lo llevan en los genes. Así es la derecha, así es el nacionalismo.

En Cataluña, donde proliferaron los Círculos, prefirieron ignorar todo eso. Los politólogos y nuevos "maestros" de la política olvidaron algo que ningún partido, ninguna persona de izquierdas, debe olvidar –la derecha lo sabe bien y no lo olvida nunca y ejerce, y de qué manera– que es la condición de clase, la lucha de clases.  Aliarse con el nacionalismo, por más que tengan discursos "populares y revolucionarios", al final la cabra tira al monte de su clase y la meta es acabar con la posible hegemonía que  Podemos pudo ejercer en un principio. 

En Cataluña en lugar de consolidar su proyecto se diluyó en un batiburrillo de gente de buena fe, oportunistas, independentistas, que liquidaron las ilusiones de muchos catalanes, víctimas de la derecha nacionalista catalana junto a la derecha nacionalista española, que a la hora de ir contra los trabajadores, se ponen de acuerdo en un instante.  A tal extremo se llegó, que los principales dirigentes y candidatos a las elecciones de Podemos, en Barcelona, eran independentistas. 

Lo que faltaba –y sigue faltando– en Cataluña y en toda España, es un proyecto claro, inequívocamente de izquierdas, sin contaminaciones nacionalistas. 

La debacle de las Elecciones gallegas y vascas son la consecuencia de esa falta de proyecto. Si Podemos quedaba diluido entre los nacionalistas,  era visto como un partido nacionalista, que apoyaba lo mismo que éstos, en contradicción de los intereses de todos. Y ante esta disyuntiva, la gente vota al original antes que al sucedáneo. Es lo que ha pasado en el País vasco y con más desastre en Galicia. Aquella unión con las llamadas "Mareas", que pronto sacaron a relucir su condición patriotera, Al final la marea se ha llevado por delante lo que pudo haber sido, y se dilapidó por extrañas compañías.

Una derrota electoral no es ninguna tragedia si el proyecto se tiene claro; si los contrincantes se tienen claros. Podemos renunció a ser lo que millones de trabajadores deseaban que fuera. En Galicia y País Vasco, han recogido los frutos de un gravísimo error político de bulto.


Podemos nació con una base fácilmente ensanchable; pero la miopía y las prisas le llevaron a hacer alianzas letales. Se deseó "tomar el cielo" antes de que se fabricara la escalera, y lo más importante, antes de que hubieran los los mimbres que debían sujetarla, los trabajadores,  los ciudadanos, para que no descarrilara el proyecto. El cielo tendrá que esperar. Y lo peor es que las condiciones, debido a esas políticas erráticas, se han empeorado.


Resolver los conflictos internos internamente, sin dar cuartas al pregonero, sin alharacas y sin dar cancha a los mercenarios de cierta prensa, conocida por todos. Podemos ha caído en la mima enfermedad en la que suele caer la izquierda: la división. Vimos con qué resultados en Madrid. Por culpa de la misma, una derecha impresentable y corrupta gobierna en el Ayuntamiento y en la Comunidad. ¡Redondo!

En este mismo lugar, hace tiempo, yo  pedía tras ver la deriva hacia el nacionalismo de algunos de los que se habían apoderado de Podemos en Cataluña que Podemos se alejara del nacionalismo como de la peste. La desgracia de que en Cataluña, y en toda España no haya un partido de izquierdas digno de tal nombre y proyecto, ha sido su acercamiento cuando no total asimilación al nacionalismo. El PSUC fue prostituido por la derecha nacionalista  que ocupó la dirección del partido, hasta que acabó con él. Después montaron uno que ni en el nombre ni en sus políticas, son de izquierda. Han sobrevivido a la sombra de las migajas que un corrupto Pujol les otorgaba.  Esa experiencia amarga para los militantes del PSUC y sus simpatizantes, debió alertar a los dirigentes de Podemos si es que realmente querían un proyecto de izquierdas. Parece que nadie aprende en cabeza ajena. 

Decía entonces que no creía que rectificaran, visto los derroteros de Podemos encamados con la burguesía nacionalista, como así fue. Ahora, como entonces no parece que estén por la labor de rectificar su avance hacia el abismo. Pero a pesar del varapalo están a tiempo de corregir el rumbo y crear una organización creíble de la izquierda. Pero, como entonces, no creo que rectifiquen. 

Ubaldo