viernes, 26 de noviembre de 2010

El PODER (y II)


Pero como el desarrollo y las relaciones laborales van mucho más aceleradas que la adaptación a las  nuevas  costumbres, hace que aparezcan los conflictos. Los mismos que aparecen en la decadencia del poder a nivel de Estado, que cuando aparece lo que se llama crisis, en realidad lo que sucede es que el poder hasta ese momento santificado, es cuestionado por la propia evolución y desarrollo de la formas productivas; pero se llama crisis precisamente porque estando un poder en retirada, el que lo habrá de sustituir no está en condiciones de tomarlo todavía, es débil para enfrentarse a todo el poder del que hasta ese momento lo ostentaba; y además cuenta con las costumbres, lo atávico de siglos que hace que todo ese pensamiento esté incrustado hasta en los genes de los ciudadanos, que ven como cosa natural que ese poder existan ya sea por decisión divina, ya sea porque "alguien tiene que mandar", e incluso porque "siempre ha sido así y no se puede cambiar". Eso dependerá de cada momento histórico y en qué periodo de desarrollo esté la sociedad y sus formas de producción. 

Si no fuera  así no habría crisis, si no hubiera problema a la hora de modificar la forma de poder, sería un simple traspaso de poderes, al que siempre se niega el que lo detenta, con la represión a su disposición,  hasta tal extremo que la crisis se puede convertir–y de hecho así ha sido a lo largo de la Historia–en un movimiento revolucionario, si la fuerza que ha de sustituirla es consecuente con sus intereses y con el momento histórico que vive. Es lo que hace la burguesía cuando lleva a cabo su revolución contra la ya caduca aristocracia, porque no se corresponde con las nuevas formas productivas. Y, claro, ésta no se queda con las manos cruzadas y utiliza todos los resortes represivos que tiene para evitarlo, cosa que nunca logra. A lo más que llega es a "ralentizar" el proceso, reprimiéndolo duramente. En alguna otra ocasión esta ralentización va ligada a un pacto entre lo antiguo y lo moderno–caso de España  en el siglo XIX, con consecuencias nefastas para nuestro desarrollo futuro, como sabemos. 

¿Qué sucede con el poder del hombre con respecto a la mujer cuando ésta se incorpora al mundo laboral y ya no depende del sueldo del marido, y además demuestra en muchos casos que es más productiva e inteligente que él, muy a pesar de muchos varones que por las mismas razones atávicas antes mencionadas se niegan a reconocer la nueva situación en este caso,  de una célula social? Pues que aparece la crisis, pero como antes, lo atávico perdura más que el avance de las relaciones sociales. Así  que, si un hombre, rey  y poder de su casa, se ve cuestionado, aparece la represión como lo hace el Estado con las fuerzas que quieren sustituirlo. 

El Estado tiende a pactar cuando no tiene otro remedio con las fuerzas pujantes para no perderlo todo de golpe; pero antes habrá hecho de las suyas reprimiendo, y establecerá algo así como una ficción de democracia que parezca que realmente lo es. El hombre como el Estado preponderante, obcecado y primario, reprimirá primero, y tratará de pactar después, cuando ya generalmente es demasiado tarde para impedir los cambios. Es la única salida: democratizar las relaciones y entender que ese poder debe compartirse, como lo compartirá la aristocracia durante un tiempo con la burguesía, si aquella se viene a razones, y ésta todavía no tiene suficiente fuerza para imponerse, lo que en términos evolutivos se llama, hacer su revolución, la revolución burguesa. Claro en el micro cosmos de una pareja–de una familia, aunque esto es cambiante, dinámico– eso puede suceder con muchas dosis de tolerancia y entendimiento de lo que ha de ser una relación, un pacto social, en el que todo pase por el acuerdo y la tolerancia, entendiendo que aunque se llame "familia", de lo que hablamos es de seres humanos con diferente forma de entender y hacer, siempre complejo y con pretensiones e intereses a veces contrapuestos, aunque parezca duro decirlo. El contrato social que es lo que en definitiva es la familia.

El Estado–macro cosmos–lo que  hace es un pacto entre los poderes, con múltiples trampas de todo tipo para llamar a la nueva situación Democracia. Eso es una ficción, un deseo en todo caso que nace en Atenas, con esclavos y "metecos" sin derechos, obviamente. Lo de hoy es exactamente igual: la democracia es un deseo, una utopía  a  la que el ser humano accede en su imaginario, pero nada más. Ciertamente el inicio en Grecia, aunque más propiamente en Atenas, de la democracia es el principio de lo que la Humanidad, en su afán busca, pero de ninguna manera es democracia en el sentido etimológico de la palabra, y no digamos en estricto sentido social. La democracia no deja de ser la verdadera utopía, que todo proyecto revolucionario y todo humano de proyección de futuro lleva en su seno, dando pasos lentos y logrando que aquellas cuestiones que eran utopías en un momento dado, con el transcurrir del tiempo dejaran de serlo.

U. Plaza





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